La cápsula del tiempo de Guarromán

INTERIOR DE LA CAPSULA DEL TIEMPO DE GUARROMAN

Interior de la cápsula del tiempo de Guarromán

AUTORIDADES PRESENTES INAUGURACION DEL MONUMENTO 2017

Autoridades civiles, militares y académicas presentes en la inauguración del Monumento a los Primeros Colonos de Guarromán, el 28 de octubre de 2017, en cuyo interior de la base se encuentran situados los 467 objetos que fueron depositados por los guarromanenses el 23 de octubre previo, para que sean recogidos por sus descendientes el 5 de julio de 2067, fecha en la que se conmemorará el Tercer Centenario de la Fundación de Guarromán y del resto de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía (Olavidia). En el transcurso de esta inauguración se dio lectura pública a este artículo del cronista oficial.

 

(Artículo publicado en Diario JAÉN el viernes 20 de octubre de 2017)

            Estamos inmersos en Guarromán en la conmemoración del 250 aniversario de su fundación. Ayer se inauguró en La Carolina el Congreso Internacional de Historia sobre las Nuevas Poblaciones, y esta tarde tendrá lugar aquí una conferencia sobre sus viajes a Andalucía del nobel de literatura Camilo José Cela, vinculado con esta real población a través de la Orden de la Cuchara de Palo, a cargo de su hijo Camilo José Cela Conde.

            Como cronista oficial de este municipio me produce una especial emoción el acto que tendrá lugar el próximo lunes día 23 en el nuevo monumento dedicado a los primeros colonos, situado a la entrada misma de esta colonia de Carlos III. En su base hueca y aislada de humedades y otras inclemencias climática, se ha construido por parte del ayuntamiento una capsula del tiempo en la cual podrán depositar los vecinos que lo deseen los mensajes y objetos que consideren oportunos para que sean recogidos por quienes dentro de cincuenta años, justamente el 5 de julio del año 2067, cuando se conmemore los tres siglos de la existencia de Guarromán, abran esta capsula del tiempo y vean y examinen los objetos y mensajes depositados allí por sus predecesores.

            Los niños y adolescentes de este pueblo estarán en primera fila porque serán ellos quienes ya de mayores habrán de recordar e interpretar entonces lo que este lunes 23 de octubre de 2017 se pretendió hacer en este acto. Una vez llena la capsula del tiempo se sellará con ladrillos y cemento para que todo lo allí introducido espere pacientemente la llegada de los “guarromanenses del futuro” que habrán de abrirla dentro de medio siglo.

            En un mundo globalizado en el que los símbolos y las liturgias se van descargando de contenidos hasta hacerse vacuas, el que los habitantes de un pueblo aspiren a “estar presentes” y participar en la conmemoración, dentro de cincuenta años, de los tres siglos de existencia, nos hace pensar que lo mejor de esta capsula del tiempo va a permanecer fuera:  el compromiso de hacer y pasar a las próximas generaciones un pueblo mucho mejor en valores humanos. Sería absurdo tratar de dejar un mejor pueblo a nuestros descendientes, y no mejores descendientes a nuestro pueblo.

            Dicen los antropólogos culturales que una generación sociológica son treinta años. El tiempo en el que un hijo debe comenzar a tomar el timón que llevó su padre. Desde 1986 en Guarromán hemos hecho sonar cada año por estas fechas una campana, que supuestamente estuvo en la puerta de la casa de Pablo de Olavide en Baeza, tantas veces como generaciones nos separan de los colonos que nos fundaron. En 1986 sonó siete veces por cada una de las generaciones computadas entonces. En el año 2007 se incorporó el tañido de la octava generación. En el año 2037 se incorpora el noveno tañido para recordar a las anteriores generaciones.

            El cronista oficial depositará el próximo lunes en esta capsula del tiempo una campana de bronce, réplica de la que perteneció a Pablo de Olavide en Baeza, con las instrucciones escritas para que los guarromanenses del año 2067, los que festejarán el tricentenario, la hagan sonar solemnemente diez veces en el templete del monumento, coincidiendo con los trescientos años del nacimiento del primer guarromanense, Nicolás Kerche, y a modo de recuerdo de todas las generaciones que en el tiempo hemos dado vida a este pueblo.

            Volverán a proclamar el lema que nos une a todas las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía, la Tierra de Olavidia: “Nacimos con el Fuero para la concordia de los pueblos”.

            Un censo de habitantes con sus nombres y direcciones, fotos, recuerdos, cartas, catálogos, libros sobre Guarromán, en papel y en formato digital, medallas y otros emotivos objetos llenarán esta capsula del tiempo proyectada hasta el futuro.

            ¿Llegará a su destino? Confío que el entonces cronista oficial de Guarromán, hombre o mujer, repase la hemeroteca de Diario Jaén y haga llegar estas líneas escritas medio siglo antes a quien corresponda. Yo ya seré para entonces cosa del pasado.

 

ENTREGA DE LOS DECIMOS DE LOTERIA

El cronista oficial de Guarromán entrega a su alcalde para ser introducida en la capsula del tiempo una colección de décimos de la Lotería Nacional correspondientes a cada uno de los sorteos del año 1967, uno de los cuales se dedicó al bicentenario de la fundación de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía. Esta colección ha sido una gentileza del periodista de Canal Sur (RTVA) Alfonso Miranda Pérez, gran coleccionista, investigador e historiador de la lotería nacional española.

SELLADO DE LA CAPSULA DL TIEMPO

En presencia del alcalde de Guarromán (Alberto Rubio) y del cronista oficial (José María Suárez Gallego) los operarios municipales procedieron al sellado de la cápsula del tiempo con ladrillos y cemento, que deberá permanecer cerrada durante el próximo medio siglo hasta el año 2067.

El culto a la diosa fortuna

ante la administración de loterias

Mira, paisano, el otro día les comentaba a mis contertulios el Caliche y Cantaorejas, que los esfuerzos realizados por el ser humano para paliar los duros efectos de todos los males que últimamente están pasando en el mundo, y de forma más preocupante en nuestro país, podrían resumirse en una máxima de gramática parda que ya sabían nuestros abuelos: “Las penas con pan son menos”. Siendo por ello por lo que cuando uno toma conciencia de que es un desheredado social y un descamisado al más puro estilo libertario, lo primero que hace, paisano, es asaltar un supermercado y llenar un carro de la compra con garbanzos, avíos para el puchero y cartones de leche.

Hedonismo puro, en definitiva, paisano, para paliar la resignación con la que nos han enseñado a asumir que a esta vida hemos venido a sufrir y a penar; y para pasarlo bien ya tendremos una eternidad en la otra vida donde desquitarnos de lo lindo.

Pese a ello, y por si las moscas, la mayoría de las veces desoímos la voz de la piadosa resignación y tratamos, cada vez que podemos, que el paraíso prometido se nos haga realidad en este “valle de lágrimas”, sin necesidad de tener que esperar a la otra vida –que dicho sea de paso nos llegue cuanto más tarde mejor–. Tal vez ahí resida la explicación de porqué en estos tiempos encontramos más gente haciendo cola ante las administraciones de lotería para comprar décimos para el sábado, para el jueves, bonolotos, “euromillones” y “primitivas” con bote, que ante las puertas de las iglesias para encomendarse a Dios y pedirle favores.

Hemos hecho del Organismo Nacional de Loterías un dios oficial a quien encomendamos nuestras frustraciones cotidianas, después de que cada Navidad nos haga creer que con sólo soplar burbujas –incluida la inmobiliaria antes de reventar– podemos hacer realidad nuestros sueños.

A la vista de los hechos, por contradictorio que nos parezca, no hay mayor maldición que se le pueda desear al peor de los enemigos que aquella de: “Permita Dios que se te hagan realidad tus sueños”, porque casi siempre, una vez que se han logrado, acabamos siendo esclavos de ellos. Bien que nos lo explicaba con su peculiar soniquete de maestra y poeta Gloria Fuertes cuando nos decía que ella había conocido gente tan pobre que sólo tenía dinero.

No obstante, paisano, hace tiempo que, como una vacuna moral y de autoestima, me aprendí la milonga del recordado gaucho Facundo Cabral: “Pobrecito mi patrón, piensa que el pobre soy”, la cual tatareo a modo de terapia mientras espero mi turno ante los santuarios de la suerte los lunes por la tarde, o cada vez cuando frente al televisor desde los telediarios nos dicen que yo no sé quién nos va a rescatar, sin que nunca se nos diga ni de quiénes ni de qué.

A los pobres, paisano, por lo visto, sólo nos quiere la suerte. Lo que pasa es que la “joía” se hace mucho rogar y se reparte muy mal. Por lo visto a la diosa Fortuna no se la busca, si le caes en gracia te suele encontrar ella.

Medievo siglo XXI

matalla medieval 2

No soy el único a quien se le ponen los pelos como escarpias cada vez que se topa con alguien que se arroga el privilegio de hablar en nombre de Dios, porque la mayoría de las veces, tras esta sutil prerrogativa de los que se atreven a interpretar los deseos divinos, acaban escondiéndose sutiles pretextos para justificar intereses económicos –algunos inconfesables–, ambiciones de poder –muchas insaciables–, y personalísimas soberbias –con bastante “santa ira” –.

Uno, que ya cuenta en su haber con acantilados y precipicios en los que rugen los desencantos y aúllan los espantos, ha conocido a sesudos ateos que de tanto negar a Dios han acabado creyendo en él, y a “piadosos” creyentes que portaban con la misma desfachatez hipócrita la cruz en el pecho que el diablo en los hechos.

Los estudiosos de los fenómenos religiosos nos cuentan que allá por el siglo XVIII –al que llamaron de las luces– la Cristiandad pasó el “sarampión de la Ilustración”. Esto es, en plan simplista, que la vara de rey –o de alcalde–, y el báculo de papa –o de obispo–, dejó de estar en una única mano, comenzándose a vislumbrar si el mandamás civil lo es por la gracia de Dios, o si Dios existe, o deja de existir, porque lo diga el mandamás. Este sarampión histórico del reparto de poderes cívico-religiosos aún no lo ha pasado, por ejemplo, el mundo islámico, y ahí está el guirigay que tienen montado algunos “ayatolás” gobernantes al mezclar ingredientes socialmente tan incendiarios como la guerra santa, el paraíso de los mártires y el precio del petróleo.

El rifirrafe que hubo hace unos años sobre la asignatura de Educación para la Ciudadanía, aún no resuelto hasta que se acometa seriamente una reforma de la educación con altura de miras y sin calderilla partidista, iba un poco por esa línea, por el sempiterno tira y afloja entre el poder civil y el religioso a la hora de adiestrar, formar, instruir, disciplinar, educar o amaestrar a una juventud que cada vez muestra menos interés por los paraísos prometidos, y cada vez le cuesta más hacerse un hueco en esta jungla social llena de falsos tarzanes y maquilladores fanáticos de monas Chitas. Tanto al fenómeno religioso, como a las ideologías políticas, se les está quedando obsoleto y caduco el marketing con el que quieren hacernos llegar sus mensajes.

En definitiva, eso de que “la verdad nos hace libres” no está reñido en absoluto con que “la libertad nos hace verdaderos”. Por mucho pánico que a algunos les de que los más jóvenes lo descubran y lo sufran en sus propias carnes y en sus propias almas.

Tal y como van las cosas, de momento, “la verdad nos hace indiferentes”, y “la libertad nos convierte en cabreados”. La falta de imaginación de la que han hecho gala los ideólogos de la globalización es manifiesta: Muerto el comunismo, el capitalismo nos ha devuelto al Medievo, a la secular lucha de moros contra cristianos, desde siempre muy bien rentabilizada por los que dicen hablar y actuar en nombre de Dios.

 

batalla medieval

Elogio del chivo expiatorio

chivo expiatorio de Efe Suarez

Chivo expiatorio. Ilustración de Efe Suárez-

 

Le he leído a Gabriel García Márquez que el ser humano no nace definitivamente el día que su madre lo alumbra, sino que se ve obligado a parirse a sí mismo una y otra vez a lo largo de su existencia.

Estos “autopartos” coinciden con épocas cruciales de la vida. Así, a los “veintipocos” años uno está dispuesto a “comerse el mundo”. A los “treintayalgo” ya sabe de sobra qué mundo se ha de engullir. Llegados los “cuarentaymuchos” hace lo indecible para que el mundo elegido no se le indigeste. Y a los “cincuentaypico” trata por todos los medios de esquivar los vómitos de los mundos atragantados de los demás. A los sesenta y cinco, según he visto en mi contertulio el Caliche, felizmente jubilado ya, se vive para paladear lo poco que nos han ido dejando del mundo que un día pretendimos comernos.

Esta trayectoria vital se refleja en el concepto que se va teniendo de la amistad según nos vamos pariendo. Hasta los treinta años estamos convencidos de que el mejor amigo del hombre es el perro; a los cuarenta y tantos, cuando ya tenemos hijos e hijas en edad de que lo saquen a pasear, descubrimos que el mejor amigo del hombre es en realidad el jamón –el ibérico partido en lonchas finas, a ser posible–. Pasado ya el ecuador de los cincuenta, uno descubre, cuando intenta sobrevivir en el mundo de los demás, que el verdadero amigo del hombre no es otro que el chivo expiatorio. Esto es: el que se come los marrones de  la incompetencia ajena; el que inmolamos para tapar las vergüenzas colectivas; ese que se sacrifica ante la cobardía de no hacernos el harakiri para purgar nuestras íntimas culpas.

En tiempos de crisis asistimos atónitos al espectáculo de ver cómo los que se han arrogado el mérito de haber engordado las vacas de los tiempos de la opulencia, son los primeros ahora en buscar chivos expiatorios y “comemarrones” que paguen por haberlas esquilmado con el forraje que ellos mismos envenenaron.

Por lo visto, escasa vez coinciden en una misma persona los que se comen el jamón, los que se comen los marrones, y los que son mordidos por los perros de esta puta crisis.

El Reino de Trinconia

 

El Reino de Trinconia

(Publicado en Diario Jaén el viernes 28 de julio de 2017)

Mientras que a Francia se la identifica popularmente con la literatura de los ilustrados del siglo XVIII, a Italia con el Renacimiento, a Inglaterra con los escritores victorianos, y a Alemania con sus filósofos y pensadores, la literatura que nos representa a España ante los ojos del resto de Europa, y del mundo entero, es la de la picaresca y los bandoleros. Miguel de Cervantes nos perfiló a don Quijote y su fiel escudero Sancho como los arquetipos de las dos obsesiones que han inquietado secularmente a los españoles: El cómo cubrirse de gloria sea como sea, y, sobre todo, el cómo llenar la andorga cada día sea como sea. La gloria del “ser” y el hambre del “tener”, caiga quien caiga y al precio que sea, que ya, como siempre, pagará el más tonto o el más honrado, y el que venga detrás que arree.

Todos los personajes del Lazarillo de Tormes, Rinconete y Cortadillo, el Buscón, el Licenciado Vidriera, Guzmán de Alfarache y tantos otros, son ciudadanos de una misma patria, súbditos del Reino de Trinconia, en el que no hay nada más que dos estirpes, las mismas que el bueno de Sancho Panza pone en boca de una de sus abuelas al final del capítulo de las Bodas de Camacho: “Dos linajes solos hay en el mundo, […] que son el tener y el no tener”.

La cuarta acepción de la segunda voz del verbo transitivo “trincar” en el diccionario de la Real Academia Española es: robar, tomar para sí o hurtar. El Reino de Trinconia es pues el país en el que el robo está interiorizado de forma endémica. En el país de Trinconia se tiene asumido que el que no roba es porque es tonto o más bueno que el pan. Su moneda oficial es el eufemismo, porque éste es el capote dialéctico con el que toreamos las palabras y descabellamos los conceptos que ellas albergan. Los capotes, como los eufemismos, tienen mucho de mentira disimulada, de impostura, porque con los primeros ponemos la bravura del toro al alcance de la puya del picador para desgastarle su fiereza, y con los segundos le arrebatamos a las palabras lo que de fieras y puyazo tienen. Los eufemismos han tratado siempre en el Reino de Trinconia de ponerle el disfraz de “políticamente correcto” a las actuaciones incorrectas de los políticos y sus adláteres. No es justo decir que “los políticos son unos sinvergüenzas”, más bien habría que decir en honor a la verdad “que hay muchos sinvergüenzas metidos a políticos”, o a directivos de estamentos pseudo oficiales como las federaciones deportivas y otros patios de Monipodio y cuevas de Ali Babá.

Llamarle a la suegra madre política es un ejemplo de lo que suele hacer un eufemismo sin piedad alguna. No es la palabra suegra la que se percibe como deterioro del sagrado concepto de madre, sino es el de política quien parece envilecerla. Llamarles daños colaterales a las víctimas civiles de una guerra, o regulación de empleo a un despido masivo, tienen los mismos fundamentos y amparan los mismos argumentos que llamarles suavemente “hijos de mala madre” a los “hijos de puta” que han dado lugar a ello.

La gastronomía es fuente de “sabrosos” eufemismos, regalándonos algunos muy curiosos y de plena actualidad. Así, quien nos aburre con su discurso es un “pestiño”; quien se traga sin rechistar los argumentos de un discurso político es un “come talegas”; quien pese a todo sigue apoyando reiteradamente  a quien lo engaña, es un “papa frita”; quien  justifica como bueno y necesario lo que hace quien lo está engañando es un “mendrugo”; el ladrón que se lleva lo que no es un suyo es un “chorizo”; quien se va dejándonos su deuda, lo ha hecho endiñándonos una “cebolla”, y más que privarlo de libertad hay que “meterlo en el talego” para que no siga ”aliñándonos las cuentas” con las que nos da “gato por liebre”.

Dame pan y dime tonto, parecen decir algunos en este Reino de Trinconia pese a que “ser más bueno que el pan” sea el eufemismo más castizo de tonto.  Muchos ya no pueden ni ganarse el pan porque otros no han dejado de untarse con la manteca de la corrupción. Ya lo decía Voltaire: “Entre lobos, conviene aullar de vez en cuando”. ¡No hay más solución que darle la vuelta a la tortilla!

La metamorfosis del domador de moscas

Lion_Tamer_by_suiSIDIUS

El domador. Ilustración de suiSIDIUS

Me dice mi amigo el Caliche, contertulio del verano y demás fiestas de guardar, que quién más o quién menos alberga entre sus ambiciones más íntimas el deseo de, látigo en mano, poder doblegar leones  allí dónde a uno lo vean. No faltan los que aspiran a más y no se conforman con asustar a cuatro gatos melenudos –por muy leones que parezcan–, sino que sueñan con dominar fieras corrupias, y, llegado el caso, hasta  acogotar en público dragones de mil demonios.  El afán desmedido de notoriedad tiene su intríngulis.

Derribar al que brilla y amedrentar  al poderoso, es el deseo irreprimible del que creyéndose tener el látigo mágico de someter bichos feroces, pero no la pericia de utilizarlo con maestría, ni, por supuesto, el valor de meterse en la jaula con las fieras, ha de conformarse con ser el domador de las moscas que el león espanta con su cola. El hecho es, según parece, tener un motivo para adornarse con los entorchados propios del circo, y así disimular el patetismo de su vanidad desnuda.

El domador de moscas cuando toma conciencia de sus  miedos y sus limitaciones  trata de imitar al que brilla y adular al poderoso. Envidia a las libélulas por los destellos luminosos de sus alas cuando vuelan, y respeta a los leones cuando al rugir muestran los puñales de sus colmillos. Pero no pierde oportunidad de exhibir su nombre y sus proezas con letras bien grandes en los carteles de su particular circo: “Fulanito de Tal, experto domador de moscas”.  La autocomplacencia en sus delirios de grandeza lo llevan a proclamarse a si mismo mariscal de todos los domadores de moscas, para lo cual no renuncia a utilizar en  beneficio propio el buen nombres, las hazañas y las proezas, de auténticos domadores de leones, de reconocido prestigio y sobrada valentía.

Un día descubre que las moscas no admiten más sumisión que su genética adicción a la mierda ajena. Es entonces cuando decide convertirse con urgencia en una mosca cojonera, que acabará siendo abatida indefectiblemente por la cola de un viejo y displicente león.

250 años de Olavidia

ECUDO DE OLAVIDIA VARIOS COLORES

 

(Publicado en Diario Jaén el viernes 30 de junio de 2017)

Durante la segunda mitad del siglo XVIII la Historia de España va a contemplar cómo el espíritu reformador de la Corte de Carlos III alumbrará lo que conocemos como el mejor espíritu de La Ilustración. La pasión por «verlo todo claro» y la manifiesta oposición de los hijos del XVIII a soportar el misterio, darán a esta centuria el apelativo de Siglo de las Luces, fenómeno éste que no será privativo de los ilustrados españoles, sino que habría de calar en les eclairés franceses, en los intelectuales germanos de la Aufklárung, o en los británicos del Enlightenment. Europa y América van a verse inmersas en la fiebre innovadora, si bien ésta acabará afectando más al terreno social que al intelectual propiamente dicho.

Carlos III, sobre todo después del «asunto Esquilache», se rodeará de un equipo de gobierno en el que cada cual tenía una reforma en cartera para procurarle al pueblo la felicidad que éste no puede lograr por si mismo. En esta esfera del despotismo ilustrado gravitarán nobles de rancio abolengo, como es el caso del todopoderoso Conde de Aranda, que presidirá el Consejo de Castilla, junto a golillas como Campomanes, Floridablanca, Múzquiz y Jovellanos, que desde sus puestos de responsabilidad habrían de diseñar los cambios económicos que traerían consigo las pretendidas reformas sociales.

Como primera medida se hizo necesario dinamizar las estructuras agrarias. Se trataba de crear una nueva clase de propietarios agrícolas extraídos de los grupos menos favorecidos a los que se les cederían tierras, unas 33 Ha. por familia, que hasta el momento habían estado mal rentabilizadas, o no explotadas. Se pretendía propiciar una sociedad modelo cuyos componentes «deben estar destinados a la labranza, cría de ganados, y a las artes mecánicas, como nervio de la fuerza de un Estado», porque «todo país en que la agricultura no florece, será siempre desdichado, porque con ella todas las artes se fomentan y adelantan, y sin ella todas se debilitan y se pierden»

Una vez que todo estaba proyectado sobre el papel, sólo cabía ponerse manos a la obra. De un lado había que reclutar a los futuros colonos, de lo que se encargaría el bávaro Thürriegel, para lo cual había partido el uno de junio de 1767 con su familia camino de Frankfurt del Main. De otro lado, había que elegir los terrenos en los que irían ubicadas las primeras poblaciones (La Carolina, Guarromán y Santa Elena), para lo cual Olavide se desplazó a Bailén el 17 de agosto, donde estuvo hasta finales de ese mes dando las primeras órdenes encaminadas a preparar una infraestructura mínima.

Cabe preguntarse 250 años después si la colonización de Sierra Morena y Andalucía, aquel proyecto destinado a que Europa volviera su mirada hacia la gloria de Carlos III, el primer proyecto efectivo de Europeidad, triunfó o no. Sería difícil bote pronto cuantificar y cualificar un posible resultado de urgencia, pero sí invito a que se visiten estas Nuevas Poblaciones en las que se encontrarán hombres y mujeres que siguen sintiendo esta tierra con el mismo espíritu de lucha que sus antepasados, muestra de que el proyecto no ha terminado. Evidentemente no puede haber fracasado, por tanto, lo que aún está en curso y vivo.

Todos aquellos lugares se aglutinan hoy sobre la misma bandera celeste, blanca y verde que en 1988 dio lugar a la Mancomunidad Cultural de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía, la Olavidia que trata de llevar felizmente al futuro los proyectos del presente que se urdieron con las mimbres de un pasado común.  En el timbre del escudo enarbolan su lema: “Nacimos con el Fuero para la concordia de los pueblos”. Como un intento cargado de didactismo de no olvidar los orígenes y no perder el rumbo encaminado a ganar cada día la meta del progreso desde la libertad, la tolerancia, la cultura y la concordia.

Olavidia más que una utópica patria anclada en un sueño del pasado es hoy por hoy el compromiso vigente, real e irrenunciable con esta tierra de las gentes que la han hecho posible cada día, no sin mucho esfuerzo, durante los últimos 250 años.

 

250 AÑOS DE OLAVIDIA EN DIARIO JAEN