La Revolución de los Tamarindos

MUNICIPIOS DESPOBLACIÓN

(Publicado en Diario JAÉN el viernes 12 de enero de 2018)

Existe un antiguo refrán africano según el cual “quien planta tamarindos no cosecha tamarindos“, debido sobre todo a que este árbol tropical tarda casi un siglo en dar sus primeros frutos.

Un cuento tradicional africano nos relata también cómo una vez un muchacho adolescente vio como un anciano de su aldea estaba haciendo hoyos para plantar matas de este árbol. El muchacho, con insolente inocencia, le preguntó al viejo campesino: “Abuelo, ¿para qué planta tamarindos si nunca los va a poder cosechar?“. El anciano campesino, con su infinita sabiduría y experiencia, le respondió con una sonrisa en su rostro: “¿Por qué no te vas a hacer puñetas, zagal? ¡El terreno es mío y planto lo que me da la gana!

En la versión original del cuento, la respuesta del abuelo fue mucho más contundente y poco decorosa.

Lo cierto es que, desde un tiempo a esta parte a la gente mayor, los viejos, los veteranos, los pensionistas, eufemismos aparte, se nos hace aparecer ante el resto de la sociedad como los culpables de que la economía vaya mal. Es recurrente que el tema de lo vacía que esta la “hucha de las pensiones” circule de vez en cuando con el mensaje subliminal de que estamos tan mal porque hay que pagar a los “parásitos” de los pensionistas. O los hospitales y los consultorios están colapsados porque los viejos para no aburrirse no hacen otra cosa que irse a “echar el rato” con el médico. Como si el desastre ocasionado por el aparato corrupto que rige los destinos de este reino de Trinconia no tuviera nada que ver en ello.

Desgraciadamente estamos a un paso de que cualquier iluminado, de esos que dicen que las autopistas (previo pago de 12 € el trayecto) se colapsan cuando nieva porque los españoles salimos de viaje y no nos quedamos en nuestras casas por el mal tiempo, comience a justificar todo este desastre económico con el hecho de que hay viejos que se ponen enfermos y a los que hay que mantener y cuidar, aunque míseramente la mayoría de las veces.

En los años sesenta del pasado siglo, cuando comenzó a fraguarse el desarrollismo económico español, el llamado franquismo sociológico de la época desprestigió tres cosas y desubicó otra: Se desprestigió el mono azul de trabajo como algo indigno. La consecuencia primera de ello fue que se devaluó la formación profesional, creándose una carencia de mandos intermedios bien formados y un exceso de frustrados con titulación universitaria. Curiosamente, los ingenieros de la NASA llevan monos de trabajo y fueron capaces de llevar el hombre a la Luna.

Se desprestigió la bicicleta por las connotaciones que evocaban los años de hambrunas de la posguerra, y con ello el respeto al medio ambiente.

Vivir o ser de pueblo se estigmatizó. Ya se encargó el cine ramplón de la época de multiplicar peyorativamente los sinónimos del honorable adjetivo de lugareño. Los niños de la época querían hablar “finolis” como los de Madrid, escondiendo así el “pelo de la dehesa” del mundo rural. Con ello se difuminó la cultura tradicional como patrimonio colectivo heredado y seña de identidad.

No menos grave fue desubicar a toda la gente mayor, a los abuelos. Muchos de ellos acabaron viviendo en pisos pequeños en los cinturones dormitorios de las grandes ciudades. “Estorbando” y sin poder transmitir a los nietos un estilo de vida sin mala leche y sin rencores, como ha ocurrido en todas las culturas en las que a los mayores se les ha tratado con respeto y desde la veneración.

Mucho me temo que los ideólogos de esta sociedad global de mercados inhumanos, gobernantes corruptos e insensibles, filósofos de salón y nacionalistas insolidarios, ya estarán pensando en establecer una obsolescencia programada para todos los que no seamos “rentables” por cuestiones de edad.

Será el momento de comenzar a plantar tamarindos. No veremos sus frutos, pero llegado el caso si podremos ver colgando de ellos a quiénes están empeñados en convertir nuestro mundo en un vertedero de emociones insensibles e inhumanas. La Revolución de los Tamarindos no suena tan mal para definir una época decisiva de la Historia en el siglo XXI. ¿Verdad?

COSECHANDO TAMARINDOS

 

Nacionalismos gastronómicos

la-cocina-andaluza

(Publicado en Diario JAÉN el viernes 16 de diciembre de 2017)

 

La España de las autonomías lo es también de los sabores, y de un sinfín de peculiaridades inherentes al hecho irremediable de tener que comer todos los días. Pese a las apariencias, no existe un nacionalismo gastronómico español consolidado –caso de Francia–, y nuestras cocinas regionales, ya se llamen autonómicas o “nacionales”, evitan, mostrar su lado más exacerbadamente nacionalista, debido sobre todo a que la lengua del ser humano es mucho más sensata y sabia cuando ejercita el goce de los sabores que cuando habla de política, de fútbol o de religión. Tal vez sea en estas simples apreciaciones en las que resida el motivo primero por el que San Benito, ya en el Medievo, les recomendaba a sus monjes hablar poco y comer prudentemente bien. Filosofía ésta de la vida monacal que ha llegado hasta nuestros días revestida de algunos latinajos que aconsejan, sobre todo en las comidas navideñas de empresa, en las cenas homenaje y similares, aquello de “brevis oratio et longa manducatio”; o dicho en román paladino: Menos discursos y mas “papeo”. Que en definitiva es lo que siempre dice mi buen amigo el Caliche: Más olla y menos bambolla.

Hemos aprendido del bueno de Sancho Panza su praxis contundente: “Júntate a los buenos, y serás uno de ellos”. Lo que ponemos en práctica también a la hora de comer, porque la experiencia nos ha dicho, sin necesidad de escarmentar en cabeza ajena, que los malos –los de mala conciencia, mala baba, mala uva y mala leche, los de la cruz en el pecho y el demonio en los hechos– son ante todo una “hartá” indigestos.

Se ha dicho repetidas veces que la cocina es el supremo arte de la paciencia, y tal vez sea por ello por lo que se valore tanto hoy en día el saber disfrutar de los placeres de la buena mesa, sobre todo cuando cada vez más el reloj nos tiraniza sin piedad y las prisas se han afincado en nuestras vidas como si de parientes impacientes e inoportunos se tratara. Los avances tecnológicos que nos han llevado a creernos a pies juntillas este mito que llamamos progreso, no siempre son sinónimos de calidad de vida. Baste con observar que mientras se han conseguido grabar los sonidos, perpetuar las imágenes, rescatar los sueños e inventarnos una realidad virtual a través de las redes sociales, afortunadamente aún no se ha descubierto el artefacto que nos describa la geometría de los sabores de un simple trozo de pan de pueblo preñado con aceite de oliva virgen extra. ¿Qué cacharro puede explicarnos toda la inmensidad del mar condensada en una sardina asada en la plenitud del verano? ¿Qué artilugio puede medir en toda su intensidad las sensaciones perfumadas de una copa de buen vino? ¿Sería capaz algún artificio electrónico de dimensionar en unas cuantas palabras las redondeces que nos sugieren los sabores de un jamón ibérico perfumando una caseta de feria? Ni el aparato más sofisticado puede, de momento, “vivir por nosotros” el mundo de sensaciones que delimitan los puntos cardinales de una mesa con mantel y tertulia. Siempre hay que poner en valor el ingrediente principal de una buena la comida: Los comensales.

En la mesa colectiva que es España, cada región afronta las cosas de comer de forma diferente, de ahí que no podamos hablar de una cocina española, sino de las cocinas de España. Aún a riesgo de caer en la tentación de generalizar, cosa que nunca es buena, podemos decir que un vasco presume siempre de lo que come. Un catalán se enorgullece de que lo que come y cómo se oficia es su primera patria. Un levantino no presume de la paella en sí, sino de que las ha hecho él. El gallego no presume de tener una gran cocina, sólo se calla y la disfruta socarronamente. Pero los andaluces, ¡ay, nosotros los andaluces, esos del acento de chiste y el deje de llanto! somos más gastrósofos que gastrónomos, por ello solemos presumir más de con quién hemos comido y dónde lo hemos hecho, que de lo ingerido.

Tenemos asumido ya lo que nos aconsejaba el bueno de Sancho, pero dicho a nuestro aire: Si quieres volar con las águilas, no te juntes con los pavos, ni a la hora de comer.

 

NACIONALISMOS GASTRONOMICOS

El espíritu del Fuero

CARTEL DE FUERO 250 CON ESCUDOS DE TODOS LOS PUEBLOS

(Publicado en el cuadernillo especial que el Diario Jaén ha dedicado a las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena el jueves 13 de diciembre de 2017)

Se conmemoran este año los dos siglos y medio de la Promulgación del Fuero de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía, y por tanto los 250 años de la puesta en marcha de lo que fue considerado como el proyecto estrella del reinado de Carlos III.

Ha sido precisamente el Fuero, a través de una Comisión Nacional Ejecutiva, denominada “FUERO 250 (1767-2017)”, para la organización de tales eventos, quien ha dado nombre y contenido a esta feliz efeméride, aunando a 14 municipios y dos entidades locales autónomas, repartidos en cuatro provincias andaluzas y una castellana manchega.

En estas cinco décadas transcurridas desde 1967 cuando se conmemoró el bicentenario, hemos pasado, a nivel popular, del «aquí vinieron alemanes y suizos traídos por el rey que inventó la lotería» a divulgar, sobre todo a partir de 1983, fecha de la celebración del Primer Congreso Histórico sobre Nuevas Poblaciones, las raíces de lo que somos. He ahí el valor sociológico, además del académico, de los congresos sobre Nuevas Poblaciones, y del ambiente creado en estas colonias carolinas ante un proyecto al que dimos en llamar Olavidia, en recuerdo del intendente que las impulsó en sus orígenes, Pablo de Olavide y Jáuregui.

Ya no se trata de ejercer una actividad más o menos productiva o lúdica de doctorandos y eruditos locales. No se trata de condenar tesis doctorales y revistas de iniciados al círculo cerrado de corteses citas bibliográficas, más enfocadas a dar el baremo metodológico que a aportar luz sobre el tema. Se trata de contar la historia de nuestra presencia aquí. Las aventuras y desventuras de aquellos que levantaron nuestras casas, cultivaron nuestros campos, canalizaron nuestras fuentes, abrieron nuestros caminos, tendieron nuestros puentes, parieron nuestros vivos y enterraron nuestros muertos. Todo ello sin abandonarse al fácil chauvinismo, sin descuidar el rigor científico y de la forma más honesta posible.

Los congresos de historia sobre Nuevas Poblaciones han sido, y afortunadamente lo siguen siendo, con motivo de esta celebración ya ha tenido lugar la primera fase del noveno, el vértice en el que se mantiene en equilibrio la aportación académico-universitaria, la voz popular y el apoyo de la administración local. De ahí que estos pueblos de historia corta hayan buscado sus señas de identidad a través de estos eventos académicos. Se hace necesario y urgente divulgar sus conclusiones, porque además de sembrar conocimientos se alimentan raíces que habrán de trocarse en ramas y frutos de progreso en un futuro.

Pretendemos simple y llanamente ser divulgadores de la Historia, de nuestra historia, sin perder de vista lo que al respecto Cervantes nos deja escrito en El Quijote:

«…debiendo ser los historiadores puntuales, verdaderos y no apasionados, y que ni el interés ni el miedo, el rencor ni la afición no les haga torcer el camino de la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo porveni

Ni el miedo, ni el rencor, ni la afición habrá de torcer el camino por el que transcurrirán los próximos cincuenta años hasta llegar al año 2067 en el que se celebre el Tricentenario del Fuero. Pretendemos que esta conmemoración del Fuero 250 sea la aldaba con la que avisamos a las próximas generaciones que queda mucho por hacer para mantener vivo el espíritu ilustrado que hizo nacer estas Nuevas Poblaciones, desde el convencimiento de que una sociedad mejor es posible, siempre que no perdamos el aliento y el deseo de trabajar por ello cada día.

EL ESPIRITU DEL FUERO ARTICULO EN DIARIO JAEN

Gastronomía de Olavidia

JURADO CONCURSO DE ALTA COCINA LA CAROLINA 2017

Jurado del Concurso de Alta Cocina de La Carolina 2017

(Publicado en Diario Jaén el viernes 17 de octubre de 2017)

            Días pasados tuve la satisfacción de participar en el jurado del Concurso de Alta Cocina de La Carolina, dedicado este año a la gastronomía que tiene como ingrediente básico la perdiz. Ni que decir tiene que los participantes han demostrado durante los dos días que ha durado el certamen, un elevado nivel gastronómico. Formación y profesionalidad siempre han sido los pilares primeros de cualquier éxito.

            Las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía, la tierra de Olavidia que los primeros colonos centroeuropeos le ganaron a la sierra poniéndola en cultivo, está ligada ante todo a la historia de un camino real que ha unido durante siglos los puertos de Cádiz y Sevilla, verdaderas puertas de América, con Madrid.

            Antiguas ventas con connotaciones y sabor cervantino han jalonado durante este camino real por el que han transitado todas las culturas y civilizaciones que han vertebrado España. Sabor a venta del Quijote que se reafirma si recordamos que Miguel de Cervantes anduvo por estas tierras de Jaén durante todo el mes de marzo y hasta el día uno de abril de 1592. A la memoria me viene, por tenerla al lado, la Venta de Guadarromán que fuera en un principio propiedad del Duque de Arcos, después del Marqués de Jabalquinto y posteriormente del Príncipe Anglona, construida sobre los restos de una villa metalúrgica romana reconvertida en la Edad Media en una almunia árabe junto al rio de los granados que le dio nombre a esta real población de Carlos III.

            De los colonos alemanes y suizos nos han quedado pocas costumbres gastronómicas: “Pintahuevos” y poco más, porque aquellas gentes no tuvieron otra alternativa para sobrevivir que adaptarse a esta tierra y comer y beber lo que ella les daba. Pero sí quedó en el espíritu de los habitantes de Olavidia el sentimiento de saberse gentes junto a un camino, de ahí que se disponga aquí de una gran capacidad de adaptación a lo nuevo y a sus cambios. Habitar junto a un camino real es estar abierto a vivir de primera mano las novedades e innovaciones que por él transitan.   Desde Despeñaperros en Santa Elena, las Navas de Tolosa, La Carolina, Carboneros, Guarromán y Zocueca, la antigua feligresía de Rumblar, hasta Arquillos y Montizón, llegando a los paisajes mágicos de Aldeaquemada, todo ha sido participar de la aventura que suponen los caminos y lo que se come junto a ellos. En cada una de estas poblaciones encontramos una peculiaridad gastronómica por la que vale la pena ser visitadas. Es la gastronomía del camino, comer junto a él para reponer fuerzas frente a un espectacular paisaje como el de Despeñaperros, o frente a los confines de Sierra Morena dibujados en su horizonte. Hojaldres de Guarromán, pericones de Arquillos, roscos de viento de Carboneros, carne de monte de Santa Elena, embutidos de caza de Aldeaquemada, paté de perdiz de La Carolina, o los embutidos de cerdo de Montizón. Gastronomía que crece con nuevos productos como es el caso de los quesos elaborados con leche de cabra en Guarromán, en el que algunos de ellos enarbolan ya nombres ligados a su historia como Olavidia, Múzquia o Colono.

            Se ha dicho que la cocina tradicional es la Historia, con mayúscula, que puede paladearse: El sabor de los siglos. En esta comarca del norte de Jaén el adjetivo nuevo ha perdido sus connotaciones de desazón y miedo para convertirse en un reto: El de conjugar la tradición con la innovación. No se puede innovar si se pierde el referente de la tradición, porque ella antes de serlo comenzó siendo novedad. Todo lo antiguo fue nuevo alguna vez, y eso mantiene viva la gastronomía como cultura.

            Me sorprendió gratamente que el plato ganador del Concurso de Alta Cocina de La Carolina, elaborado por Rocío Valero del restaurante Cerro Puerta, de Jaén, sea un trigo guisado en fondo de perdiz con sus pechugas en escabeche de zumo de granada, y esté fundamentado en una receta andalusí del siglo XI, habiendo cocido la perdiz a baja temperatura utilizando la más sofisticada tecnología. ¡En Olavidia lo nuevo se hace historia en sus sabores!

ARTICULO GASTRONOMIA DE OLAVIDIA

 

La cápsula del tiempo de Guarromán

INTERIOR DE LA CAPSULA DEL TIEMPO DE GUARROMAN

Interior de la cápsula del tiempo de Guarromán

AUTORIDADES PRESENTES INAUGURACION DEL MONUMENTO 2017

Autoridades civiles, militares y académicas presentes en la inauguración del Monumento a los Primeros Colonos de Guarromán, el 28 de octubre de 2017, en cuyo interior de la base se encuentran situados los 467 objetos que fueron depositados por los guarromanenses el 23 de octubre previo, para que sean recogidos por sus descendientes el 5 de julio de 2067, fecha en la que se conmemorará el Tercer Centenario de la Fundación de Guarromán y del resto de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía (Olavidia). En el transcurso de esta inauguración se dio lectura pública a este artículo del cronista oficial.

 

(Artículo publicado en Diario JAÉN el viernes 20 de octubre de 2017)

            Estamos inmersos en Guarromán en la conmemoración del 250 aniversario de su fundación. Ayer se inauguró en La Carolina el Congreso Internacional de Historia sobre las Nuevas Poblaciones, y esta tarde tendrá lugar aquí una conferencia sobre sus viajes a Andalucía del nobel de literatura Camilo José Cela, vinculado con esta real población a través de la Orden de la Cuchara de Palo, a cargo de su hijo Camilo José Cela Conde.

            Como cronista oficial de este municipio me produce una especial emoción el acto que tendrá lugar el próximo lunes día 23 en el nuevo monumento dedicado a los primeros colonos, situado a la entrada misma de esta colonia de Carlos III. En su base hueca y aislada de humedades y otras inclemencias climática, se ha construido por parte del ayuntamiento una capsula del tiempo en la cual podrán depositar los vecinos que lo deseen los mensajes y objetos que consideren oportunos para que sean recogidos por quienes dentro de cincuenta años, justamente el 5 de julio del año 2067, cuando se conmemore los tres siglos de la existencia de Guarromán, abran esta capsula del tiempo y vean y examinen los objetos y mensajes depositados allí por sus predecesores.

            Los niños y adolescentes de este pueblo estarán en primera fila porque serán ellos quienes ya de mayores habrán de recordar e interpretar entonces lo que este lunes 23 de octubre de 2017 se pretendió hacer en este acto. Una vez llena la capsula del tiempo se sellará con ladrillos y cemento para que todo lo allí introducido espere pacientemente la llegada de los “guarromanenses del futuro” que habrán de abrirla dentro de medio siglo.

            En un mundo globalizado en el que los símbolos y las liturgias se van descargando de contenidos hasta hacerse vacuas, el que los habitantes de un pueblo aspiren a “estar presentes” y participar en la conmemoración, dentro de cincuenta años, de los tres siglos de existencia, nos hace pensar que lo mejor de esta capsula del tiempo va a permanecer fuera:  el compromiso de hacer y pasar a las próximas generaciones un pueblo mucho mejor en valores humanos. Sería absurdo tratar de dejar un mejor pueblo a nuestros descendientes, y no mejores descendientes a nuestro pueblo.

            Dicen los antropólogos culturales que una generación sociológica son treinta años. El tiempo en el que un hijo debe comenzar a tomar el timón que llevó su padre. Desde 1986 en Guarromán hemos hecho sonar cada año por estas fechas una campana, que supuestamente estuvo en la puerta de la casa de Pablo de Olavide en Baeza, tantas veces como generaciones nos separan de los colonos que nos fundaron. En 1986 sonó siete veces por cada una de las generaciones computadas entonces. En el año 2007 se incorporó el tañido de la octava generación. En el año 2037 se incorpora el noveno tañido para recordar a las anteriores generaciones.

            El cronista oficial depositará el próximo lunes en esta capsula del tiempo una campana de bronce, réplica de la que perteneció a Pablo de Olavide en Baeza, con las instrucciones escritas para que los guarromanenses del año 2067, los que festejarán el tricentenario, la hagan sonar solemnemente diez veces en el templete del monumento, coincidiendo con los trescientos años del nacimiento del primer guarromanense, Nicolás Kerche, y a modo de recuerdo de todas las generaciones que en el tiempo hemos dado vida a este pueblo.

            Volverán a proclamar el lema que nos une a todas las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía, la Tierra de Olavidia: “Nacimos con el Fuero para la concordia de los pueblos”.

            Un censo de habitantes con sus nombres y direcciones, fotos, recuerdos, cartas, catálogos, libros sobre Guarromán, en papel y en formato digital, medallas y otros emotivos objetos llenarán esta capsula del tiempo proyectada hasta el futuro.

            ¿Llegará a su destino? Confío que el entonces cronista oficial de Guarromán, hombre o mujer, repase la hemeroteca de Diario Jaén y haga llegar estas líneas escritas medio siglo antes a quien corresponda. Yo ya seré para entonces cosa del pasado.

 

ENTREGA DE LOS DECIMOS DE LOTERIA

El cronista oficial de Guarromán entrega a su alcalde para ser introducida en la capsula del tiempo una colección de décimos de la Lotería Nacional correspondientes a cada uno de los sorteos del año 1967, uno de los cuales se dedicó al bicentenario de la fundación de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía. Esta colección ha sido una gentileza del periodista de Canal Sur (RTVA) Alfonso Miranda Pérez, gran coleccionista, investigador e historiador de la lotería nacional española.

SELLADO DE LA CAPSULA DL TIEMPO

En presencia del alcalde de Guarromán (Alberto Rubio) y del cronista oficial (José María Suárez Gallego) los operarios municipales procedieron al sellado de la cápsula del tiempo con ladrillos y cemento, que deberá permanecer cerrada durante el próximo medio siglo hasta el año 2067.

El culto a la diosa fortuna

ante la administración de loterias

Mira, paisano, el otro día les comentaba a mis contertulios el Caliche y Cantaorejas, que los esfuerzos realizados por el ser humano para paliar los duros efectos de todos los males que últimamente están pasando en el mundo, y de forma más preocupante en nuestro país, podrían resumirse en una máxima de gramática parda que ya sabían nuestros abuelos: “Las penas con pan son menos”. Siendo por ello por lo que cuando uno toma conciencia de que es un desheredado social y un descamisado al más puro estilo libertario, lo primero que hace, paisano, es asaltar un supermercado y llenar un carro de la compra con garbanzos, avíos para el puchero y cartones de leche.

Hedonismo puro, en definitiva, paisano, para paliar la resignación con la que nos han enseñado a asumir que a esta vida hemos venido a sufrir y a penar; y para pasarlo bien ya tendremos una eternidad en la otra vida donde desquitarnos de lo lindo.

Pese a ello, y por si las moscas, la mayoría de las veces desoímos la voz de la piadosa resignación y tratamos, cada vez que podemos, que el paraíso prometido se nos haga realidad en este “valle de lágrimas”, sin necesidad de tener que esperar a la otra vida –que dicho sea de paso nos llegue cuanto más tarde mejor–. Tal vez ahí resida la explicación de porqué en estos tiempos encontramos más gente haciendo cola ante las administraciones de lotería para comprar décimos para el sábado, para el jueves, bonolotos, “euromillones” y “primitivas” con bote, que ante las puertas de las iglesias para encomendarse a Dios y pedirle favores.

Hemos hecho del Organismo Nacional de Loterías un dios oficial a quien encomendamos nuestras frustraciones cotidianas, después de que cada Navidad nos haga creer que con sólo soplar burbujas –incluida la inmobiliaria antes de reventar– podemos hacer realidad nuestros sueños.

A la vista de los hechos, por contradictorio que nos parezca, no hay mayor maldición que se le pueda desear al peor de los enemigos que aquella de: “Permita Dios que se te hagan realidad tus sueños”, porque casi siempre, una vez que se han logrado, acabamos siendo esclavos de ellos. Bien que nos lo explicaba con su peculiar soniquete de maestra y poeta Gloria Fuertes cuando nos decía que ella había conocido gente tan pobre que sólo tenía dinero.

No obstante, paisano, hace tiempo que, como una vacuna moral y de autoestima, me aprendí la milonga del recordado gaucho Facundo Cabral: “Pobrecito mi patrón, piensa que el pobre soy”, la cual tatareo a modo de terapia mientras espero mi turno ante los santuarios de la suerte los lunes por la tarde, o cada vez cuando frente al televisor desde los telediarios nos dicen que yo no sé quién nos va a rescatar, sin que nunca se nos diga ni de quiénes ni de qué.

A los pobres, paisano, por lo visto, sólo nos quiere la suerte. Lo que pasa es que la “joía” se hace mucho rogar y se reparte muy mal. Por lo visto a la diosa Fortuna no se la busca, si le caes en gracia te suele encontrar ella.

Los cuatro puntos cardinales del Linares tabernario

A mueca la azumbre, Arturo Cerdá y Rico, Don Lope

A mueca la azumbre. Fotografía de Arturo Cerda y Rico. (1906) Publicada en Revista Don Lope de Sosa.

 

Memorias de Tabertulia: Andanzas y pitanzas del prior de la Cuchara de Palo.

 

Linares Tabernario

Linares limita al norte

con la taranta,

al sur con un suspiro,

al levante con los toros,

y al poniente con el vino.

 

Y en cada taberna tiene

un balcón a un precipicio,

donde vuelan las palabras

como sueños de chiquillo,

en el que los poetas sueltan

las palomas de sus versos,

y los grajos de sus gritos:

 

¡Oiga, señor!

¡Que no se prohíba el cante!

-y disculpe usted si chillo-

¡Que le perdonen la vida

al bueno del gusanillo,

ese que matan al alba

los que ahogan su extravío!

¡Que en esta tierra bebemos

sólo el corazón del vino,

ese que en el aire suena

más que el ruido del martillo

robándole a los barrenos

la gloria de su estallido!

 

José  María  Suárez Gallego