Cena de estrofas

ascensor

Nunca habíamos hablado antes,
aunque cada noche coincidíamos
en la puerta del ascensor.

Al entrar a él, a ella se le cayó la bolsa de papel que llevaba en sus manos.
— ¿Qué llevas ahí? -Le pregunté, evitando que la mayonesa manchara mis zapatos-
— La cena de esta noche. -Me contestó recomponiendo los destrozos-
— ¿Te la ordeno por estrofas? -Le dije en un intento de ayudarla-

Elevamos nuestros sueños en una mirada,
y en su apartamento cenamos juntos el poema
que siempre habíamos deseado escribir cada noche.

© José María Suárez Gallego. Del libro (inédito) Por si llega Godot

La aritmética del poeta

 

ESQUINAS 98

 

SE NECESITAN POETAS PARA UNIVERSIDAD. BUEN SUELDO. HARVARD. STOP.

— ¿Uno y uno?

— Dos

— ¿Noche y lluvia?

— Miedo

— ¿Mar y tierra?

— Barro

(Siempre igual.

Damos vueltas

Gorgoola,

incorregiblemente

el poeta no sabe sumar)

— ¿Uno y uno?

— Tres

— ¿Noche y lluvia?

— Sol

— ¿Mar y tierra?

— Flor

(Y todo es nuevo

¿comprendes?

Todo es nuevo.

En la aritmética del poeta

la ironía se come las palabras)

 

© José María Suárez Gallego

 

 

Musa de abril

musa en abril

Un perro

tiene la niña buena

¡ay! que yo la sueño

Un palacio de papel

y un jardín con capullos abiertos

¡ay! que yo la quiero

Un cuerpo

de walkyria frágil

¡ay! que yo me muero

Un osito

de peluche negro

¡ay! que yo me he muerto

La niña buena

no trajo crisantemos

a mi tumba

A la una

a las dos

a las tres

La niña buena

jugaba con su muñeco

(Después se supo

que en los paneles informativos

del aeropuerto Narita en Tokio

no escribieron nuestros nombres

lo que no influyó

en la baja del indice Dow Jones

según la Bolsa de New York)

 

© José María Suárez Gallego

Homenaje al Dr. Jaramillo y Guillén

PLACA DE ENRIQUE JARANILLO EN EL CENTRO MEDICO DE GUARROMAN

El nieto del doctor Enrique Jaramillo y Guillén, también médico y con el mismo nombre que su abuelo, destapó junto al alcalde de Guarromán, Alberto Rubio, la placa que le da nombre al Centro de Salud.

HOMENAJE AL DOCTOR JARAMILLO GUILLEN EN GUARROMAN

Médicos de la Asociación Española de Medicina Naturista junto al alcalde y al cronista oficial de Guarromán en el homenaje al Dr. Jaramillo y Guillén.

(Publicado en Diario JAÉN el viernes 1 de junio de 2018)

El Centro de Salud de Guarromán lleva por nombre desde hace unos días el del doctor Enrique Jaramillo y Guillén, nacido en Guarromán el 27 de marzo de 1860, quien está considerado por la profesión como el primer médico naturista en la historia de la medicina española, siendo el fundador del Instituto de Medicina Naturalista, y quien siguió un camino totalmente personal para llegar al naturismo.

Fue una jornada emotiva propiciada por el Ayuntamiento de Guarromán en la que se le ha concedido, a título póstumo, la medalla del 250 Aniversario de la Fundación de esta Real Población al ilustre guarromanense doctor Enrique Jaramillo y Guillén, que recibió de manos del alcalde Alberto Rubio su nieto, también médico como su padre y abuelo, Enrique Jaramillo (tercero), y quien evocó algunos de los recuerdos que guarda de su abuelo.

Al acto asistió la Corporación Municipal en pleno, una buena representación de sus  descendientes, y miembros de la Asociación Española de Naturismo, encabezada por su presidente, el doctor Torres Collado que habló de las posibilidades actuales y las perspectivas de futuro de esta especialidad médica, y que contribuyeron al esplendor de este homenaje póstumo celebrado en la Casa de la Cultura

Enrique Jaramillo curso el bachiller en el Instituto de Baeza, en el que luego impartiría clases Antonio Machado, debiendo coincidir allí en las aulas e internado con un paisano y coetáneo suyo también ilustre, como es Martín Scheroff Avi, el primer mentor poético de Federico García Lorca.

Jaramillo llegó a ser un profesional de gran prestigio en la Medicina en los inicios del siglo XX, innovando conceptos y poniendo las bases de la actual Medicina Naturista, realizando toda su etapa profesional en Madrid, pero sin olvidar nunca su lugar de origen, en el que continuó viviendo la familia de su madre.

Comenzó a ejercer su profesión, pero dos años después, en 1897, iba a morir su esposa en el tercer mes de su primera gestación: «Su naturaleza y constitución eran de un vigor y de una potencialidad extremas [se refiere a su mujer] y, a pesar de ello, en un fatal y funestísimo encadenamiento gradual de la respectiva actuación de cinco prestigiosos, cinco reconocidas eminencias médicas, cuya intervención demandé, y en continuo y evidente desacierto de unos y otros, fueron retorciendo y complicando un simplicísimo estado catarral, hasta que al cabo de cuatro meses de desastrosas torpezas médicas y de angustias y tormentos de la enferma y míos, consumaron su inicua labor, extinguiendo aquel singular y poderoso organismo, privándome con ello del ser más querido y del que su facultad maternal me iba forjando». Esta tragedia personal cambió su vida y su visión de la medicina. Sumergido en la depresión y el rechazo a la «ciencia oficial», comenzó a estudiar homeopatía y magnetismo. Se fue entusiasmando con este último y se convirtió en seguidor de lo que consideraba «ciencia natural».

En la calle Hernán Cortés n°7 de Madrid, fundó el Instituto de Medicina Naturalista, del que se nombró director. En este instituto practicaba, según se lee en su propaganda, «Tratamiento de toda clase de enfermedades, sin medicamentos ni operaciones quirúrgicas. Procedimientos modernos psicofísicos». Utilizaba el agua, el sol, el aire, la electricidad, el ejercicio, el magnetismo y la sugestión, sin haber leído nada de Vegetarianismo ni de Naturismo.

El guarromanense Enrique Jaramillo y Guillén se convirtió para los naturistas en el primer médico español de esta especialidad, reconocimiento que iba a conservar durante toda su vida, quedando inscrito con letras doradas en la historia de la medicina española.

Intuía que el secreto para tener y conservar una vida saludable residía en tres sustantivos que comienzan por la letra a: Alimentación, actividad y alegría, y apostillaba: Debe comerse la mitad de lo que se come, se debe hacer el doble de ejercicio del que se hace, y nos debemos reír el triple de lo que lo hacemos.

Planteamientos médicos que, pese a haber sido hechos hace un siglo, siguen estando plenamente vigentes hoy.

FOTO DEL TEXTO DEL ARTICULO SOBRE JARAMILLO EN DIARIO JAEN

Cuestión de conciencia

mayo francés

(Publicado en Diario Jaén el viernes 4 de mayo de 2018)

Mi abuela Encarna, que era de pueblo, pero no era tonta –pese a la opinión que algunos urbanitas supremacistas siguen teniendo de la gente del medio rural–, cuando alguien cometía una insensatez solía decir de él “que no tenía luces”. Expresión análoga que el otro día le oí exclamar a mi contertulio el Caliche, desde su monumental cabreo de jubilado en apuros, cuando me comentaba su particular batalla contra la empresa distribuidora de la energía eléctrica, por la última factura de la luz que le habían cobrado. Es que tienen menos luces que el coche de un furtivo, exclamaba enderezándose con rabia la gorra para descargar los kilovatios de su acaloro.

Le explicaba que es que la compañía eléctrica había subido el recibo de la luz un 35% a pesar del contrasentido de que marzo y abril hayan sido unos meses con abundantes lluvias y vientos, y siendo la energía hidráulica y la eólica las más baratas. Oyéndolo, a uno se le venían encima todos los palos del sombrajo que protege los planteamientos sociales actuales, cuando aparte de la anecdótica paradoja de que sean precisamente los que nos venden la luz los que “menos lucen tienen”, no las tuvieran tampoco los que dejaron en manos privadas la propiedad de algunos sectores estratégicos del Estado: La energía y las comunicaciones, sobre todo. Los ciudadanos, el pueblo que es en quien reside la soberanía del Estado, cada vez más somos considerados por la maquinaria del liberalismo feroz que nos engendró la crisis, como unas meras ubres a las que se les puede ordeñar sin piedad e indefinidamente. A “revienta teta”, que diría mi contertulio el Caliche.

El nobel José Saramago estaba cargado de razón cuando decía que la democracia tal y como se interpreta hoy es una gran falacia, porque el mundo está en manos de los financieros, y a ellos no los elegimos en las urnas. Las cuentas claras y el chocolate espeso, es lo que reclama la gente, el pueblo, sobre todo cuando es quien paga el chocolate, aunque sea el del loro “iluminado”.

Es el propio Saramago quien nos dejó dicho también que la alternativa al neoliberalismo que nos inunda se llama conciencia. Y precisamente la conciencia no es un sistema económico. No es la organización de los mercados. No es un nuevo régimen político. Es algo más que todo eso. Es la conciencia que hay que tener contra todo y contra todos los que precisamente entienden que lo que no hay que tener es conciencia.

¿Con qué contamos nosotros para oponernos a un neoliberalismo sin conciencia? No ostentamos el poder, no estamos en el gobierno, no tenemos multinacionales, no controlamos las finanzas especulativas de los mercados mundiales, no tenemos nada de eso. ¿Qué es lo que tenemos entonces para oponernos? Nada más que la conciencia.

La conciencia no se gana un día y ya la tienes hasta que te mueres. Se gana y se pierde y se renueva todos los días, seguía razonando Saramago.

Se cumple en estos días el cincuentenario del llamado Mayo del 68 francés, cuando un 10 de mayo de 1968 decenas de miles de estudiantes parisinos acudieron a las barricadas del Barrio Latino. El 13 de mayo nueve millones de trabajadores franceses se unen a los estudiantes y tomando conciencia inician una huelga general que culminó poniendo patas arriba los cimientos de la República.

Mayo es un mes en el que proliferan las banderas: El uno de mayo los sindicalistas tremolan sus banderas rojas. Los prebostes de las cofradías romeras tremolan sus banderas multicolores, y los hinchas y forofos del fútbol airean las banderas de sus fanatismos.

¡Si el Caliche” supiera que hoy muchas de aquellas banderas arrastran sus pespuntes de nostalgia por las moquetas de los despachos oficiales de Bruselas! Con razón se me queja, entre trago y trago, de que cada año que pasa las banderas de los sindicatos van siendo menos rojas; que cada mayo que pasa las banderas de las romerías van siendo más laicas, y que cada vez hay menos hombros en las tabernas a los que agarrarse para cantarle por lo “bajini” a las orejas del alma desde la conciencia.

dav

La mentira encuadernada

(Publicado en el Diario JAÉN el viernes 6 de abril de 2018)

Esto de escribir la Historia con objetividad es tarea ardua y muy complicada. Ya el refranero popular desde su docta gramática parda nos pone en sobre aviso al recordarnos que “cada cual habla de la feria según le ha ido en ella“, o lo que es igual, que lo que para unos parecen podencos para otros no son más que galgos corredores, y quien fue alabado como recto profeta y casto varón por unos, por sus contrarios ha sido tenido por vil embaucador y amante del pendoneo. De todos es sabido que mucho antes que la Historia fue la Fábula y es condición humana el pretender fabular la realidad por adornar de este modo con un mayor interés las vidas que carecen de él.

Ya Cervantes nos dejó dicho al respecto en El Quijote: “habiendo y debiendo ser los historiadores puntuales, verdaderos y no nada apasionados, y que ni el interés ni el miedo, el rencor ni la afición, no les haga torcer el camino de la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir“, cita a la que acudo con devoción bíblica cada vez que como cronista oficial de mi pueblo he de sentarme a la orilla del río de los sucesos, que diría Madariaga, para dar cuenta de las aguas, las turbulentas y las mansas, que por su cauce fluyen.

Sonroja leer los libros de historia que se enseña a los alumnos en las “ikastolas” vascas, no ya por el vapuleo que se da a la historia del resto de los españoles, los “maketos”, sino por la tendenciosa falta de rigor con el que se quieren justificar unas pretendidas identidades nacionalistas salidas de los delirios antiespañoles del ínclito Sabino Arana. Tres cuartos de lo mismo pasa en las escuelas catalanas donde se cae en el contrasentido de que los alumnos tengan que estudiar la historia de Europa, europeos somos, evitando en lo posible contar la historia de España. ¿Se conseguirá, al menos, que al resto de las comunidades autónomas se nos incluyan en la lección dedicada a África?

Que desde los nacionalismos excluyentes se diseñen los contenidos a estudiar sobre la historia común de los pueblos de la vieja Iberia bajo la óptica de sus particulares intereses nacionalistas, no deja de ser una temeridad cívica y una falta de respeto con las generaciones venideras. Que cada pueblo asuma, por tanto, su historia y padezca a sus políticos con resignación perseverante, de lo contrario no tendremos más remedio que darle la razón a aquel que dijo que la Historia no es más que la mentira encuadernada, lujosamente encuadernada en algunos casos, pero mentira barata al fin y a la postre cargada de delirios supremacistas.

El genial Francisco de Goya intuyó como nadie el turbulento mar en el que suelen desembocar las tormentas ideológicas de algunos espíritus delirantes. En uno de sus tenebrosos aquelarres mentales nos dejó escrita a los pies de un durmiente una de sus demoledoras moralejas: “El sueño de la razón produce monstruos“.

De Goya siempre me sorprendió su cuadro “Perro semihundido”, en el que un chucho anónimo, tal vez descendiente bastardo de Melampo, el perro que pintara junto a Carlos III y en cuyo collar estampara su firma, lucha por librarse de unas difusas arenas movedizas. Pudiera ser que en este expresivo lienzo nos dejara el viejo Goya la imagen, no ya de los monstruos que produce la razón, sino la de cuando como perros semihundidos en la Historia comenzamos a preguntarnos qué hacemos con los monstruos de la sinrazón y sus víctimas.

Hay quienes han considerado lo estéril que fue que los españoles nos tomáramos tanto trabajo en combatir a los franceses durante la Guerra de la Independencia para que después de toda la sangre y todo el quijotismo derramado acabáramos recibiendo al impresentable de Fernando VII al grito de “¡Vivan las caenas!”.

A la Historia no siempre le resulta fácil ni edificante ser ejemplo y aviso de lo presente, y advertencia de lo por venir. Lo malo del futuro es que no sabemos las intenciones que tiene hasta que no nos devora como Saturno a sus hijos.

dav