Nace la Asociación Fuero 250

CLAUSURA DE LA CARLOTA

Alcaldes, historiadores, cronistas oficiales y miembros de la Comisión Nacional Ejecutiva para la Conmemoración del 250 Aniversario de la Promulgación del Fuero de 1767 y de la Fundación de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía, han clausurado en La Carlota (Córdoba) las actividades que desde el 5 de julio de 2017 y durante un año se han llevado a cabo en los 14 municipios y dos entidades locales autonómas que conforman las Nuevas Poblaciones, repartidas en 5 provincias andaluzas y otra de Castilla La Mancha.


La Comisión Nacional Fuero 250 se ha transformado, concluidos los actos para los que nació y a tenor de sus estatutos, en la Asociación Cultural Fuero 250, de ámbito nacional y utilidad pública, que seguirá propugnando, investigando y divulgando el fenómeno histórico y la realidad actual de las Nuevas Poblaciones fundadas por Carlos III en el siglo XVIII, según manifestó en el acto de clausura su presidenta Águeda Castellano.

https://fuero250.org/fuero250-inicio

 

El bosque de Olavidia

DESPEÑAPERROS EL BOSQUE DE OLAVIDIA

Parque Natural de Despeñaperros. Vistas desde Castro Ferraz. (Foto de Santi Lloreda)

 

(Publicado en Diario Jaén el viernes 29 de junio de 2018)

 

            Cuenta el sexto conde de Fernán Núñez, Carlos José Gutiérrez de los Ríos y Rohan, que fue a la sazón gentil hombre de cámara (ayuda de cámara) del rey Carlos III, y quién mejor lo conocía en la cotidianidad del palacio, que solía decir este rey que fundó las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía, que era “primero Carlos que rey”, con lo que quería dejar constancia que sus obligaciones como hombre no las eximia su condición de rey. Carlos III fue un hombre austero, parco en el comer, amante del chocolate, irónico, sarcásticamente burlón, con un gran sentido del humor, metódico, cazador empedernido, amante de la naturaleza y dicho en palabras de hoy en día: “respetuoso con el medio ambiente”, aunque fue un rey constructor, que, en palabras del marqués de Esquilache, todo lo que fuera destruir se oponía diametralmente a su genio: A este Señor le ha de arruinar el mal de la piedra.

            En 1768, el año posterior a la promulgación del Fuero, se estaba construyendo el camino de Madrid al Pardo. Dio la orden el rey de que se economizara mucho la tala de encinas, hasta tal punto que se dejó un pequeño ensanche en el camino rodeado de algunas de ellas con una en el centro somo señal de haberse obrado como el rey había dispuesto.

            Cuenta el conde de Fernán Núñez que cada vez que Carlos III pasaba junto a esa encina solía exclamar: “¡Pobre arbolito! ¿Quién te defenderá después que yo muera?” El historiador Antonio Ferrer del Río, dejó constancia de que el rey Carlos IV mientras vivió la defendió, siendo las tropas napoleónicas las que enteradas del simbolismo de esta la cortaron para leña nada mas poner un pie en Madrid.

            Esta anécdota protagonizada por una encina y el rey que fundó las Nuevas Poblaciones, sirvió en 1988, año en el que se conmemoraba el bicentenario de su muerte, para que en el mes de octubre de ese año se plantara en Guarromán un árbol de esta especie sobre el lecho de las tierras  que cada alcalde trajo de su municipio,  constituidos como tales desde que fue derogado el Fuero en 1835: La Carolina, Guarromán, Carboneros, Santa Elena, Arquillos, Aldeaquemada y Montizón en la provincia de Jaén;  Almuradiel en Ciudad Real; La Carlota, Fuente Palmera y San Sebastián de los Ballesteros, en Córdoba; y La Luisiana y Cañada Rosal en Sevilla.

            Aquella encina plantada hace ahora treinta años, campea hoy como su símbolo de unidad en la bandera de la Mancomunidad Cultural de las Nuevas Poblaciones, la Olavidia de nuestros sueños y nuestros proyectos siempre vigentes.

El día 5 de julio próximo, fecha de la conmemoración del 251 Aniversario de la promulgación del Fuero, concluyen en La Carlota los actos institucionales que comenzaron en La Carolina justamente hace un año. La Comisión Nacional Ejecutiva para la conmemoración del Fuero 250 disolverá todas sus comisiones, y de forma oficial los actos habrán concluido. Puestos a recapitular desde esta Comisión Nacional puede decirse que en un ochenta por cierto se han cumplido sus objetivos, siendo el más importante el que las gentes de estos pueblos, a los que se ha unido el gaditano de Prado del Rey y las entidades locales autónomas cordobesas de Fuente Carretero y Ochavillo del Río, hayan encontrado en estas celebraciones un motivo de identidad común repartidas en dos comunidades autónomas y cinco provincias. Las gentes de las Nuevas Poblaciones han descubierto que al conmemorar estas fiestas del Fuero no se han disfrazado de colonos ni esto es un carnaval, se han “investido” de ellos y del espíritu de sus antepasados que hizo posible que tras las mayores dificultades se mantenga vivo el sueño en una sociedad más justa, más libre y más fraternal y solidaria, sueño que aún pervive.

El Parque Natural de Despeñaperros va a acoger un bosque de diecisiete encinas, una por cada población, y otra más que representará a la comisión que les ha servido como punto de unión a todas ellas en esta conmemoración. Despeñaperros de nuevo verá llegar a los colonos por su camino real, con la emoción de saber que 250 años después también han llegado a casa.

 

ARTICULO EL BOSQUE DE OLAVIDIA FOTO DEL MISMO EN EL DIARIO JAEN

El lince Olavide

LINCE OLAVIDE

Suelta del lince Olavide en el valle del Guarrizas, Sierra Morena (Jaén)

 

(Publicado en Diario Jaén el viernes 9 de febrero de 2018)

 

Hace unos días, los escolares de 5º y 6º de Primaria del CEIP Carlos III de Santa Elena han bautizado con el nombre de “Olavide” a un lince que se liberará próximamente en el valle del río Guarrizas, una de las dos zonas de reintroducción del lince ibérico en la comunidad andaluza.

El proyecto Life+Iberlince pretende la recuperación de la distribución histórica del lince ibérico (Lynx pardinus) en España y Portugal. Según el método que siguen los técnicos de Iberlince para darle nombre a los ejemplares que se van a soltar este año, todos ellos deben comenzar por la letra O, y para ello han posibilitado que a través de las redes sociales todo el mundo pudiera hacer una propuesta de nombre con esta condición. Han sido los escolares santaeleneros, en cuyo municipio se encuentra enclavado el Parque Natural de Despeñaperros, los que han unido su interés por la conservación del medio ambiente, y su deseo por conocer mejor su historia, los que han aprovechado la celebración del  250 aniversario de la promulgación del Fuero de Población por el que se fundaron las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía, y le han dado el nombre de quien hizo posible estas colonias en el siglo XVIII, el intendente Pablo de Olavide, a un lince que recorrerá y vivirá en los mismos parajes de Sierra Morena que aquellos colonos que los pusieron en cultivo ganándoselos al paisaje montaraz.

Curiosamente el nombre que se la ha puesto, Olavide, hace justicia a la tercera acepción con el que el Diccionario de la Real Academia Española define lince: Persona aguda, sagaz.

Sin lugar a duda Pablo de Olavide hizo gala de su agudeza y sagacidad al ponerse al frente del que fue tenido como el proyecto estrella del reinado de Carlos III, ni más ni menos que tratar de poner en marcha una sociedad agraria que sirviera de modelo al resto de los pueblos de Andalucía y el resto de España, en el que entre otras cosas se implantaba la enseñanza primaria como obligatoria, y se comenzaba a valorar el trabajo de la mujer en aquella sociedad agraria que pretendía ser modelo. El propio Olavide lo dejó escrito cuando las envidias e intrigas en la Corte de Carlos III dieron con sus huesos en la cárcel y fue procesado por la Inquisición: «Yo me había figurado dar en las colonias un modelo de aplicación a todos los pueblos de España y en especial a los de Andalucía»

Cabe preguntarse si la colonización de Sierra Morena y Andalucía, aquel proyecto destinado a que Europa volviera su mirada hacia la gloria de Carlos III, aquel primer intento de un proyecto de Europeidad triunfó o no. No sería fácil cuantificar y cualificar bote pronto un posible triunfo o fracaso siendo tantos y tan variados los aspectos para tener en cuenta. Material de trabajo para ello se ha generado en el transcurso de los nueve congresos históricos que desde 1983 se han celebrado en estas Nuevas Poblaciones. Sólo invito a quién se adentre en este espacio histórico a que visite estas colonias dos siglos y medio después de haber sido fundadas. Seguirá encontrando hombres y mujeres que trabajan por su tierra desde un aliento colectivo adobado por sueños de colonos del siglo XXI, evidencia de que el proyecto primitivo de los ilustrados no ha terminado y queda mucho por hacer. No puede haber fracasado, por tanto, lo que aún está construyéndose.

Todos aquellos lugares se aglutinan hoy bajo la misma bandera celeste, blanca y verde que en 1988 dio lugar a la Mancomunidad Cultural de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía, la Olavidia que trata de llevar felizmente al futuro los proyectos del presente que se urdieron con las mimbres de un pasado común. No en vano en el timbre del escudo enarbolan su lema: “Nacimos con el Fuero para la concordia de los pueblos”. Como un intento cargado de didactismo de no olvidar los orígenes, aunque se encuentren derogados, y no perder el rumbo encaminado a ganar cada día la meta del progreso desde la tolerancia, la libertad, la cultura y la concordia.

Larga vida pues al lince Olavide, él es un símbolo de que no sólo somos historia y seguimos vivos y coleando.

EN LA SUELTA DEL LINCE OLAVIDE

Autoridades y niños que participaron el suelta del lince Olavide.

 

ARTICULO DEL LICE OLAVIDE EN DIARIO JAEN

 

 

 

Gastronomía de Olavidia

JURADO CONCURSO DE ALTA COCINA LA CAROLINA 2017

Jurado del Concurso de Alta Cocina de La Carolina 2017

(Publicado en Diario Jaén el viernes 17 de octubre de 2017)

            Días pasados tuve la satisfacción de participar en el jurado del Concurso de Alta Cocina de La Carolina, dedicado este año a la gastronomía que tiene como ingrediente básico la perdiz. Ni que decir tiene que los participantes han demostrado durante los dos días que ha durado el certamen, un elevado nivel gastronómico. Formación y profesionalidad siempre han sido los pilares primeros de cualquier éxito.

            Las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía, la tierra de Olavidia que los primeros colonos centroeuropeos le ganaron a la sierra poniéndola en cultivo, está ligada ante todo a la historia de un camino real que ha unido durante siglos los puertos de Cádiz y Sevilla, verdaderas puertas de América, con Madrid.

            Antiguas ventas con connotaciones y sabor cervantino han jalonado durante este camino real por el que han transitado todas las culturas y civilizaciones que han vertebrado España. Sabor a venta del Quijote que se reafirma si recordamos que Miguel de Cervantes anduvo por estas tierras de Jaén durante todo el mes de marzo y hasta el día uno de abril de 1592. A la memoria me viene, por tenerla al lado, la Venta de Guadarromán que fuera en un principio propiedad del Duque de Arcos, después del Marqués de Jabalquinto y posteriormente del Príncipe Anglona, construida sobre los restos de una villa metalúrgica romana reconvertida en la Edad Media en una almunia árabe junto al rio de los granados que le dio nombre a esta real población de Carlos III.

            De los colonos alemanes y suizos nos han quedado pocas costumbres gastronómicas: “Pintahuevos” y poco más, porque aquellas gentes no tuvieron otra alternativa para sobrevivir que adaptarse a esta tierra y comer y beber lo que ella les daba. Pero sí quedó en el espíritu de los habitantes de Olavidia el sentimiento de saberse gentes junto a un camino, de ahí que se disponga aquí de una gran capacidad de adaptación a lo nuevo y a sus cambios. Habitar junto a un camino real es estar abierto a vivir de primera mano las novedades e innovaciones que por él transitan.   Desde Despeñaperros en Santa Elena, las Navas de Tolosa, La Carolina, Carboneros, Guarromán y Zocueca, la antigua feligresía de Rumblar, hasta Arquillos y Montizón, llegando a los paisajes mágicos de Aldeaquemada, todo ha sido participar de la aventura que suponen los caminos y lo que se come junto a ellos. En cada una de estas poblaciones encontramos una peculiaridad gastronómica por la que vale la pena ser visitadas. Es la gastronomía del camino, comer junto a él para reponer fuerzas frente a un espectacular paisaje como el de Despeñaperros, o frente a los confines de Sierra Morena dibujados en su horizonte. Hojaldres de Guarromán, pericones de Arquillos, roscos de viento de Carboneros, carne de monte de Santa Elena, embutidos de caza de Aldeaquemada, paté de perdiz de La Carolina, o los embutidos de cerdo de Montizón. Gastronomía que crece con nuevos productos como es el caso de los quesos elaborados con leche de cabra en Guarromán, en el que algunos de ellos enarbolan ya nombres ligados a su historia como Olavidia, Múzquia o Colono.

            Se ha dicho que la cocina tradicional es la Historia, con mayúscula, que puede paladearse: El sabor de los siglos. En esta comarca del norte de Jaén el adjetivo nuevo ha perdido sus connotaciones de desazón y miedo para convertirse en un reto: El de conjugar la tradición con la innovación. No se puede innovar si se pierde el referente de la tradición, porque ella antes de serlo comenzó siendo novedad. Todo lo antiguo fue nuevo alguna vez, y eso mantiene viva la gastronomía como cultura.

            Me sorprendió gratamente que el plato ganador del Concurso de Alta Cocina de La Carolina, elaborado por Rocío Valero del restaurante Cerro Puerta, de Jaén, sea un trigo guisado en fondo de perdiz con sus pechugas en escabeche de zumo de granada, y esté fundamentado en una receta andalusí del siglo XI, habiendo cocido la perdiz a baja temperatura utilizando la más sofisticada tecnología. ¡En Olavidia lo nuevo se hace historia en sus sabores!

ARTICULO GASTRONOMIA DE OLAVIDIA

 

250 años de Olavidia

ECUDO DE OLAVIDIA VARIOS COLORES

 

(Publicado en Diario Jaén el viernes 30 de junio de 2017)

Durante la segunda mitad del siglo XVIII la Historia de España va a contemplar cómo el espíritu reformador de la Corte de Carlos III alumbrará lo que conocemos como el mejor espíritu de La Ilustración. La pasión por «verlo todo claro» y la manifiesta oposición de los hijos del XVIII a soportar el misterio, darán a esta centuria el apelativo de Siglo de las Luces, fenómeno éste que no será privativo de los ilustrados españoles, sino que habría de calar en les eclairés franceses, en los intelectuales germanos de la Aufklárung, o en los británicos del Enlightenment. Europa y América van a verse inmersas en la fiebre innovadora, si bien ésta acabará afectando más al terreno social que al intelectual propiamente dicho.

Carlos III, sobre todo después del «asunto Esquilache», se rodeará de un equipo de gobierno en el que cada cual tenía una reforma en cartera para procurarle al pueblo la felicidad que éste no puede lograr por si mismo. En esta esfera del despotismo ilustrado gravitarán nobles de rancio abolengo, como es el caso del todopoderoso Conde de Aranda, que presidirá el Consejo de Castilla, junto a golillas como Campomanes, Floridablanca, Múzquiz y Jovellanos, que desde sus puestos de responsabilidad habrían de diseñar los cambios económicos que traerían consigo las pretendidas reformas sociales.

Como primera medida se hizo necesario dinamizar las estructuras agrarias. Se trataba de crear una nueva clase de propietarios agrícolas extraídos de los grupos menos favorecidos a los que se les cederían tierras, unas 33 Ha. por familia, que hasta el momento habían estado mal rentabilizadas, o no explotadas. Se pretendía propiciar una sociedad modelo cuyos componentes «deben estar destinados a la labranza, cría de ganados, y a las artes mecánicas, como nervio de la fuerza de un Estado», porque «todo país en que la agricultura no florece, será siempre desdichado, porque con ella todas las artes se fomentan y adelantan, y sin ella todas se debilitan y se pierden»

Una vez que todo estaba proyectado sobre el papel, sólo cabía ponerse manos a la obra. De un lado había que reclutar a los futuros colonos, de lo que se encargaría el bávaro Thürriegel, para lo cual había partido el uno de junio de 1767 con su familia camino de Frankfurt del Main. De otro lado, había que elegir los terrenos en los que irían ubicadas las primeras poblaciones (La Carolina, Guarromán y Santa Elena), para lo cual Olavide se desplazó a Bailén el 17 de agosto, donde estuvo hasta finales de ese mes dando las primeras órdenes encaminadas a preparar una infraestructura mínima.

Cabe preguntarse 250 años después si la colonización de Sierra Morena y Andalucía, aquel proyecto destinado a que Europa volviera su mirada hacia la gloria de Carlos III, el primer proyecto efectivo de Europeidad, triunfó o no. Sería difícil bote pronto cuantificar y cualificar un posible resultado de urgencia, pero sí invito a que se visiten estas Nuevas Poblaciones en las que se encontrarán hombres y mujeres que siguen sintiendo esta tierra con el mismo espíritu de lucha que sus antepasados, muestra de que el proyecto no ha terminado. Evidentemente no puede haber fracasado, por tanto, lo que aún está en curso y vivo.

Todos aquellos lugares se aglutinan hoy sobre la misma bandera celeste, blanca y verde que en 1988 dio lugar a la Mancomunidad Cultural de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía, la Olavidia que trata de llevar felizmente al futuro los proyectos del presente que se urdieron con las mimbres de un pasado común.  En el timbre del escudo enarbolan su lema: “Nacimos con el Fuero para la concordia de los pueblos”. Como un intento cargado de didactismo de no olvidar los orígenes y no perder el rumbo encaminado a ganar cada día la meta del progreso desde la libertad, la tolerancia, la cultura y la concordia.

Olavidia más que una utópica patria anclada en un sueño del pasado es hoy por hoy el compromiso vigente, real e irrenunciable con esta tierra de las gentes que la han hecho posible cada día, no sin mucho esfuerzo, durante los últimos 250 años.

 

250 AÑOS DE OLAVIDIA EN DIARIO JAEN

Pintahuevos

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(Publicado en Diario Jaén el viernes 7 de abril de 2017)

El Viernes de Dolores ya huele a incienso, cera candente y fe perfumada de primavera. Huele a Semana Santa, en una palabra. Huele a tradición y a una peculiar forma de expresar los sentimientos religiosos en estas tierras del sur. Si algún acento peculiar pone la provincia de Jaén en el tapete de las tradiciones, no es otro que el de la diversidad. Jaén es ante todo una provincia diversa que pone de manifiesto su diversidad a través sus paisajes, sus paisanajes y sus saborajes.

Estamos conmemorando este año el 250 aniversario de la fundación de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena por el rey Carlos III, con gentes venidas de Centroeuropa. De aquellos alemanes y suizos sólo nos quedan la fisonomía y los apellidos de sonoridad germánica de muchos de sus descendientes, y una tradición que ha perdurado y es muestra viva de la amplia diversidad cultural que sustenta los referentes de la identidad jiennense. Es la fiesta de Pintahuevos, que aún se celebra en tierras de Olavidia, en la Comarca Norte de Jaén, cada domingo de Resurrección. En ella se pone de manifiesto cómo un modesto huevo puede haberles sugerido, a prácticamente todas las culturas significativas de la Humanidad, la teoría primera del origen del Universo y las claves de su constante renovación.

En la vieja Alsacia, región que hoy pertenece a Francia pero que en el siglo XVIII era territorio alemán, se cuenta una antigua leyenda según la cual San Pedro cuando iba a visitar la tumba de Jesucristo, dos días después de haber sido crucificado, se encontró en el camino con María Magdalena que le dijo con gran alborozo que Cristo había resucitado. El apóstol desde su incredulidad –sigue contando la leyenda– le contestó de esta forma: “¡Ya!, creeré que eso es cierto cuando las gallinas pongan los huevos de color rojo”. Entonces, María Magdalena, abrió el delantal que llevaba recogido entre las manos y le mostró una docena de huevos de un brillante color escarlata, que acaba de recoger del gallinero de su casa. Se tiene noticia de la existencia, en un monasterio griego, de un cuadro en el que se recoge este hecho. Como puede suponerse esta historia no está recogida en ninguno de los cuatro Evangelios canónicos, ni forma parte tampoco de los llamados apócrifos, sino que se trata de una narración perteneciente al folclore y la cultura tradicional de algunas regiones de Alemania, Francia, e incluso Rusia, recogidas tanto por católicos como por ortodoxos.

Bastantes alsacianos y bávaros dieron vida en el siglo XVIII a las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena. Junto a sus pocos enseres y sus muchas ilusiones trajeron esta leyenda y, sobre todo, la tradición de pintar huevos el domingo de Resurrección; costumbre que en Guarromán y Carboneros es conocida como pintahuevos; chocahuevos o cuca en Aldeaquemada; rulahuevos en Santa Elena, y domingo de los huevos pintaos en Venta de los Santos, aldea de Montizón.

Desde aquel 3 de abril de 1768, primer Domingo de Pascua que los colonos centroeuropeos celebraron el pintahuevos en su nueva tierra andaluza, los guarromanenses, entre otros, han conmemorado la Resurrección de Cristo acudiendo cada año al paraje denominado Piedra Rodadera, y portando cestillos de huevos pintados de vivos colores, que a la hora de la merienda suelen acabar formando parte de una pipirrana de pimientos asados, aceitunas negras y mucho aceite para mojar. Aquellos colonos, como ahora sus descendientes, revivían el ancestral rito del eterno renacimiento del Cosmos, el estallido vital de la primavera a través de la Resurrección de Cristo, que en sus últimas raíces no encierra otra cosa que el deseo y la esperanza de la propia resurrección de cada cual. Las ocho generaciones que nos separan de los primitivos colonos han diversificado los colores dados a los huevos, que en un principio solían ser amarillos si se cocían con paja, o morados si se dejaban hervir con la piel violácea de las cebollas, o rojos cuando se impregnaban del tinte que soltaba una tela de este mismo color mojada en agua hirviendo.

La vida es una noria. A unos cangilones le suceden otros… Es el eterno retorno, el perpetuo renacimiento.

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