La aritmética del poeta

 

ESQUINAS 98

 

SE NECESITAN POETAS PARA UNIVERSIDAD. BUEN SUELDO. HARVARD. STOP.

— ¿Uno y uno?

— Dos

— ¿Noche y lluvia?

— Miedo

— ¿Mar y tierra?

— Barro

(Siempre igual.

Damos vueltas

Gorgoola,

incorregiblemente

el poeta no sabe sumar)

— ¿Uno y uno?

— Tres

— ¿Noche y lluvia?

— Sol

— ¿Mar y tierra?

— Flor

(Y todo es nuevo

¿comprendes?

Todo es nuevo.

En la aritmética del poeta

la ironía se come las palabras)

 

© José María Suárez Gallego

 

 

Musa de abril

musa en abril

Un perro

tiene la niña buena

¡ay! que yo la sueño

Un palacio de papel

y un jardín con capullos abiertos

¡ay! que yo la quiero

Un cuerpo

de walkyria frágil

¡ay! que yo me muero

Un osito

de peluche negro

¡ay! que yo me he muerto

La niña buena

no trajo crisantemos

a mi tumba

A la una

a las dos

a las tres

La niña buena

jugaba con su muñeco

(Después se supo

que en los paneles informativos

del aeropuerto de Narita en Tokio

no escribieron nuestros nombres

lo que no influyó

en la baja del indice Dow Jones

según la Bolsa de New York)

 

© José María Suárez Gallego

El lince Olavide

LINCE OLAVIDE

Suelta del lince Olavide en el valle del Guarrizas, Sierra Morena (Jaén)

 

(Publicado en Diario Jaén el viernes 9 de febrero de 2018)

 

Hace unos días, los escolares de 5º y 6º de Primaria del CEIP Carlos III de Santa Elena han bautizado con el nombre de “Olavide” a un lince que se liberará próximamente en el valle del río Guarrizas, una de las dos zonas de reintroducción del lince ibérico en la comunidad andaluza.

El proyecto Life+Iberlince pretende la recuperación de la distribución histórica del lince ibérico (Lynx pardinus) en España y Portugal. Según el método que siguen los técnicos de Iberlince para darle nombre a los ejemplares que se van a soltar este año, todos ellos deben comenzar por la letra O, y para ello han posibilitado que a través de las redes sociales todo el mundo pudiera hacer una propuesta de nombre con esta condición. Han sido los escolares santaeleneros, en cuyo municipio se encuentra enclavado el Parque Natural de Despeñaperros, los que han unido su interés por la conservación del medio ambiente, y su deseo por conocer mejor su historia, los que han aprovechado la celebración del  250 aniversario de la promulgación del Fuero de Población por el que se fundaron las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía, y le han dado el nombre de quien hizo posible estas colonias en el siglo XVIII, el intendente Pablo de Olavide, a un lince que recorrerá y vivirá en los mismos parajes de Sierra Morena que aquellos colonos que los pusieron en cultivo ganándoselos al paisaje montaraz.

Curiosamente el nombre que se la ha puesto, Olavide, hace justicia a la tercera acepción con el que el Diccionario de la Real Academia Española define lince: Persona aguda, sagaz.

Sin lugar a duda Pablo de Olavide hizo gala de su agudeza y sagacidad al ponerse al frente del que fue tenido como el proyecto estrella del reinado de Carlos III, ni más ni menos que tratar de poner en marcha una sociedad agraria que sirviera de modelo al resto de los pueblos de Andalucía y el resto de España, en el que entre otras cosas se implantaba la enseñanza primaria como obligatoria, y se comenzaba a valorar el trabajo de la mujer en aquella sociedad agraria que pretendía ser modelo. El propio Olavide lo dejó escrito cuando las envidias e intrigas en la Corte de Carlos III dieron con sus huesos en la cárcel y fue procesado por la Inquisición: «Yo me había figurado dar en las colonias un modelo de aplicación a todos los pueblos de España y en especial a los de Andalucía»

Cabe preguntarse si la colonización de Sierra Morena y Andalucía, aquel proyecto destinado a que Europa volviera su mirada hacia la gloria de Carlos III, aquel primer intento de un proyecto de Europeidad triunfó o no. No sería fácil cuantificar y cualificar bote pronto un posible triunfo o fracaso siendo tantos y tan variados los aspectos para tener en cuenta. Material de trabajo para ello se ha generado en el transcurso de los nueve congresos históricos que desde 1983 se han celebrado en estas Nuevas Poblaciones. Sólo invito a quién se adentre en este espacio histórico a que visite estas colonias dos siglos y medio después de haber sido fundadas. Seguirá encontrando hombres y mujeres que trabajan por su tierra desde un aliento colectivo adobado por sueños de colonos del siglo XXI, evidencia de que el proyecto primitivo de los ilustrados no ha terminado y queda mucho por hacer. No puede haber fracasado, por tanto, lo que aún está construyéndose.

Todos aquellos lugares se aglutinan hoy bajo la misma bandera celeste, blanca y verde que en 1988 dio lugar a la Mancomunidad Cultural de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía, la Olavidia que trata de llevar felizmente al futuro los proyectos del presente que se urdieron con las mimbres de un pasado común. No en vano en el timbre del escudo enarbolan su lema: “Nacimos con el Fuero para la concordia de los pueblos”. Como un intento cargado de didactismo de no olvidar los orígenes, aunque se encuentren derogados, y no perder el rumbo encaminado a ganar cada día la meta del progreso desde la tolerancia, la libertad, la cultura y la concordia.

Larga vida pues al lince Olavide, él es un símbolo de que no sólo somos historia y seguimos vivos y coleando.

EN LA SUELTA DEL LINCE OLAVIDE

Autoridades y niños que participaron el suelta del lince Olavide.

 

ARTICULO DEL LICE OLAVIDE EN DIARIO JAEN

 

 

 

La sangría

la-sagria-de-los-aeropuertos

Mira paisano, no pretendo escribir hoy aquí de gastronomía,  aunque te parezca mentira,  y por mucho que la Comunidad Económica Europea haya legislado sobre la forma “oficial” de preparar la sangría sin darle gato por liebre a los turistas.

 La sangría a la que me refiero es otra, de un vino más amargo y con un hielo del que te hiela el corazón de  la forma más machadiana. Es la que se está haciendo con nuestra juventud, la generación mejor preparada de todas cuantas ha tenido España, y la peor compensada y menos retribuida, que tiene que hacer la maleta e irse lejos de esta España a la que cantamos en el cancionero popular como madre, y ahora padecemos como madrastra.

Uno creía que la canción estandarte del  Emigrante que cantara con tanto sentimiento Juanito Valderrama, había perdido su vigencia como copla paradigma del que tiene que abandonar su tierra y su familia, creía que en un mundo globalizado su mensaje había quedado obsoleto en pleno  siglo XXI. No es así paisano. Nuestros jóvenes emigrantes ya no pretenden  “hacer un rosario con tus dientes de marfil” antes de irse, pero si te aseguro, paisano, que he visto a algunos muy allegados “volver su cara llorando” antes de entrar en el túnel de embarque de un aeropuerto, como dice la mítica copla del insigne torrecampeño.

Es cierto, paisano, que siempre partir es perder buscando ganar. ¡Pero cuanto duele verlos irse! Yo creía que esta crisis era económica y social, exclusivamente, pero veo cada día más que estamos inmersos en una crisis de dignidad. Contrasta ver a los que vuelven la cara llorando, tapándosela dignamente con la boleta de embarque, con los que descaradamente aparecen en los medios de comunicación con la sonrisa de oreja a oreja diciéndonos que “esto está ya superado, pero que  no entendemos de macroeconomía”.

Yo creía que al circo se iba a reírnos de  los payasos, y por eso les pagábamos. En este otro circo de  la crisis de dignidad, son los “payasos” los que se ríen de nosotros, y encima los tenemos que mantener y soportar. A mí, paisano, los políticos que como los payasos dejan de hacerme gracia, lo que acaban dándome es miedo, mucho miedo.

(@suarezgallego)

Gastronomía virtual

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Cocina, de Alejandro de Loarte, siglo XVII

La apabullante ferocidad con la que la realidad irrumpe en nuestro vivir de cada día a través de los medios audiovisuales, hace que, a modo de autodefensa, acabemos exiliándonos en una irrealidad lúdica, como evidencia el auge de las consolas virtuales y los juegos on-line. Es como si nuestra conciencia –el conocimiento exacto y reflexivo de las cosas– se saturara de la cruda existencia, sobre todo de la que viven otros, y lejos de asustarnos o conmovernos, simplemente nos resultara indiferente. La consecuencia es que todo lo que no nos atañe muy directamente acaba resbalándonos, resultándonos más cómodo, divertido y atrayente perdernos en la verdad posible que esconde toda ficción y todo misterio, antes que enfrentarnos a la realidad ajena.

Los avances tecnológicos de las últimas décadas nos han parido engendros gastronómicos que hemos aceptado sin cuestionarlos, que se encuadran dentro de la irrealidad lúdica de la que hablamos: Cerveza sin alcohol, leche desnatada, jamón sin tocino, yogures bio, angulas sin ojos, sucedáneo de marisco, sopas instantáneas, pollos hormonados, dulces sin azúcar, café descafeinado, pan de chicle y comida rápida american style, tras la que –dicho sea de paso— se esconde toda una filosofía de la llamada “ingeniería histórica” por la cual los pequeños aconteceres de nuestras vidas –y el comer es uno de ellos– han de encajarse de forma perfecta y anónima en el puzzle de los grandes sucesos históricos, siempre acordes éstos con los intereses de quienes manejan las riendas del mundo. Es a la hora de la comida, precisamente, cuando los telediarios, entre cucharada y cucharada de sopa, nos hacen creer que nuestra anodina vida forma parte del devenir glorioso de la Historia.

El gran secreto para que la democracia funcione reside en la habilidad que sus dirigentes tengan para “fabricarse” el consentimiento de los ciudadanos, en su mayoría votantes de diseño que se alimentan de “manjares” que sólo existen como tales en la etiqueta que los envuelve.

El duende en gastronomía

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(Publicado en Diario Jaén el viernes 9 de diciembre de 2016)

En muy poco tiempo, últimamente, he tenido la satisfacción de formar parte de tres jurados gastronómicos, dos en Jaén –Concurso de platos fríos en los mercados, y Congreso Nacional Jaén Aove– y el de la Ruta de la Tapa en Linares. Hace ya dieciocho años, en 1998, tuve el honor de pronunciar la lección inaugural del primer curso que se celebraba en la Escuela de Hostelería de La Laguna, en Baeza, con el que se inauguraba la primera promoción de cocineros y personal de sala de esta ya legendaria escuela.

Estos dieciocho años que nos separan de la primera promoción de La Laguna, y prácticamente los mismos desde la primera feria de la tapa de Linares, evolucionada en el año 2004 hacia la innovadora “ruta de la tapa”, felizmente exportada a otras ciudades, me hacen recordar y releer la conferencia que Federico García Lorca pronunció el 20 de octubre de 1933 en la Sociedad de Amigos del Arte de Buenos Aires, sobre la Teoría del Duende. Si bien ya escribí hace unos años mi personal sensación sobre la ciudad de las minas: “Linares limita al norte / con la taranta, / al sur con un suspiro, / al levante con los toros, / y al poniente con el vino”, veo en estos puntos cardinales de sentimientos la brújula en la que puede aflorar el pretendido duende lorquiano: Los toros y el cante hondo, sobre todo, ¿pero puede, llegado el caso, acudir el duende en el arte de la cocina?

Hasta el poeta romántico alemán Goethe, definió el duende al hablar de un violista como Paganini, diciendo que es un “poder misterioso que todos sienten y que ningún filósofo explica”. Aunque hablando de duende, filósofos y alemanes, a la memoria me viene una historia, que sospecho falsa, pero que no me resisto a contarla: En los años cincuenta se encuentran el mayor filósofo alemán, Martín Heidegger, y el mayor filósofo español, José Ortega y Gasset. Pregunta el primero, con un punto de xenofobia: “¿Por qué hay tan pocos filósofos españoles?”. Responde el segundo, con un punto de ironía: “¿Y por qué hay tan pocos toreros alemanes?”.

Decía Federico García Lorca que España es el único país donde la muerte es el espectáculo nacional, y cada primavera la muerte toca largos clarines, y el arte de la muerte está siempre regido por un duende agudo que ha marcado la diferencia y la calidad que justifica su invención. Federico conoció en Granada al cantaor Manuel Torre durante el concurso de flamenco de 1922, y de él diría que “es el hombre de mayor cultura en la sangre que he conocido”, quien opinando sobre otro cantaor dijo: “Tú tienes voz, tú sabes los estilos, pero no triunfarás nunca, porque tú no tienes duende”.

Durante estos días, en los diferentes jurados gastronómicos que he participado, he apreciado en algunos momentos como en la gastronomía que se hace ahora en Jaén se va presintiendo el duende, ese que emociona, o nos hace sentir la sensación de estar asistiendo a un parto único.

Todo artista, que diría Nietzsche, cada escalera que sube en la torre de su perfección es a costa de la lucha que sostiene con un duende, no con un ángel, ni con su musa. Es preciso hacer esa distinción fundamental para la raíz de la obra. El ángel deslumbra –como dría Federico– pero vuela sobre la cabeza del artista, está por encima, derrama su gracia, y el artista, sin ningún esfuerzo, realiza su obra. La musa dicta, y, en algunas ocasiones, sopla. Ángel y musa vienen de fuera; el ángel da luces y la musa da formas, en cambio, al duende hay que despertarlo en las últimas habitaciones de la sangre, posiblemente en la cocina en la que el sentimiento creativo lo deja calentar a su amor.

Mi abuelo Paco, paisano, contemporáneo y vecino de Federico en su juventud, me contó que García Lorca llegó a comerse un día una tortilla de pétalos de claveles rojos. Nunca me dijo el nombre del cocinero o cocinera que la ofició, pero sin duda debió acudir el duende gastronómico a aquel plato.

En Jaén aún no tenemos “estrellas Michelín”, pero doy fe de que últimamente he probado aquí platos con aceite de oliva virgen extra, en los que el duende lorquiano no debió estar muy lejos.

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