250 años de Olavidia

ECUDO DE OLAVIDIA VARIOS COLORES

 

(Publicado en Diario Jaén el viernes 30 de junio de 2017)

Durante la segunda mitad del siglo XVIII la Historia de España va a contemplar cómo el espíritu reformador de la Corte de Carlos III alumbrará lo que conocemos como el mejor espíritu de La Ilustración. La pasión por «verlo todo claro» y la manifiesta oposición de los hijos del XVIII a soportar el misterio, darán a esta centuria el apelativo de Siglo de las Luces, fenómeno éste que no será privativo de los ilustrados españoles, sino que habría de calar en les eclairés franceses, en los intelectuales germanos de la Aufklárung, o en los británicos del Enlightenment. Europa y América van a verse inmersas en la fiebre innovadora, si bien ésta acabará afectando más al terreno social que al intelectual propiamente dicho.

Carlos III, sobre todo después del «asunto Esquilache», se rodeará de un equipo de gobierno en el que cada cual tenía una reforma en cartera para procurarle al pueblo la felicidad que éste no puede lograr por si mismo. En esta esfera del despotismo ilustrado gravitarán nobles de rancio abolengo, como es el caso del todopoderoso Conde de Aranda, que presidirá el Consejo de Castilla, junto a golillas como Campomanes, Floridablanca, Múzquiz y Jovellanos, que desde sus puestos de responsabilidad habrían de diseñar los cambios económicos que traerían consigo las pretendidas reformas sociales.

Como primera medida se hizo necesario dinamizar las estructuras agrarias. Se trataba de crear una nueva clase de propietarios agrícolas extraídos de los grupos menos favorecidos a los que se les cederían tierras, unas 33 Ha. por familia, que hasta el momento habían estado mal rentabilizadas, o no explotadas. Se pretendía propiciar una sociedad modelo cuyos componentes «deben estar destinados a la labranza, cría de ganados, y a las artes mecánicas, como nervio de la fuerza de un Estado», porque «todo país en que la agricultura no florece, será siempre desdichado, porque con ella todas las artes se fomentan y adelantan, y sin ella todas se debilitan y se pierden»

Una vez que todo estaba proyectado sobre el papel, sólo cabía ponerse manos a la obra. De un lado había que reclutar a los futuros colonos, de lo que se encargaría el bávaro Thürriegel, para lo cual había partido el uno de junio de 1767 con su familia camino de Frankfurt del Main. De otro lado, había que elegir los terrenos en los que irían ubicadas las primeras poblaciones (La Carolina, Guarromán y Santa Elena), para lo cual Olavide se desplazó a Bailén el 17 de agosto, donde estuvo hasta finales de ese mes dando las primeras órdenes encaminadas a preparar una infraestructura mínima.

Cabe preguntarse 250 años después si la colonización de Sierra Morena y Andalucía, aquel proyecto destinado a que Europa volviera su mirada hacia la gloria de Carlos III, el primer proyecto efectivo de Europeidad, triunfó o no. Sería difícil bote pronto cuantificar y cualificar un posible resultado de urgencia, pero sí invito a que se visiten estas Nuevas Poblaciones en las que se encontrarán hombres y mujeres que siguen sintiendo esta tierra con el mismo espíritu de lucha que sus antepasados, muestra de que el proyecto no ha terminado. Evidentemente no puede haber fracasado, por tanto, lo que aún está en curso y vivo.

Todos aquellos lugares se aglutinan hoy sobre la misma bandera celeste, blanca y verde que en 1988 dio lugar a la Mancomunidad Cultural de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía, la Olavidia que trata de llevar felizmente al futuro los proyectos del presente que se urdieron con las mimbres de un pasado común.  En el timbre del escudo enarbolan su lema: “Nacimos con el Fuero para la concordia de los pueblos”. Como un intento cargado de didactismo de no olvidar los orígenes y no perder el rumbo encaminado a ganar cada día la meta del progreso desde la libertad, la tolerancia, la cultura y la concordia.

Olavidia más que una utópica patria anclada en un sueño del pasado es hoy por hoy el compromiso vigente, real e irrenunciable con esta tierra de las gentes que la han hecho posible cada día, no sin mucho esfuerzo, durante los últimos 250 años.

 

250 AÑOS DE OLAVIDIA EN DIARIO JAEN

Un perro llamado miau

 

San Simeon el Estilita

 

Publicado en Diario Jaén el vienes 2 de junio de 2017

 

Recuerdo que de chaval, durante el transcurso de unos ejercicios espirituales en el colegio, me sobrecogió escuchar la vida y milagros de San Simeón el Estilita, casto varón que allá por el siglo V se pasó 47 años –de los 79 que vivió– subido en una columna intentando desprenderse de todo bien terrenal para mejor servir a Dios. Antes de tal decisión, según cuentan sus hagiógrafos, probó enclaustrarse en una cueva ermitaña y vivir en soledad, pero la vida como troglodita le pareció extremadamente fastuosa, toda vez que aún seguía contando con un techo que lo cobijara del relente nocturno del desierto. Así tuvo la feliz idea de encaramarse a la columna en cuestión y experimentar sobre ella, durante casi medio siglo, el vértigo existencial de virtudes tan loables como la castidad y la pobreza voluntaria.

Ahora, pasados los años, aún sigue reconfortándome evocar la vida ejemplar de San Simeón el Estilita, que ante todo supo elegir a qué columna subirse para darle sentido a su vida. De haberse topado con la columna del poder, siempre tan sugerente y tentadora, y haber caído en las garras impías del hermano capitalismo, que diría el seráfico San Francisco, hoy más que ser venerado en la nómina del santoral habría sufrido el dudoso  escarnio de pertenecer a la lista de ilustres pobres que a ganar un poquito menos de muchísimo lo llaman perder.

Por lo visto, los seres humanos, con nuestras debilidades terrenales, no tenemos remedio posible. También Cristo –que fundó la Iglesia— fue engañado y traicionado por Judas, precisamente el tesorero administrador de los modestos bienes de la primera comunidad cristiana, y eso que entonces no había paraísos fiscales en los que ser tentados por la serpiente de la corrupción.

De la ejemplar vida de San Simeón el Estilita saqué la útil enseñanza de no subirme para hacer penitencia a otra columna que no fuera ésta de Diario JAEN, en la que algunos viernes escribo como purga de mi alma. Aunque inevitablemente he de padecer los ecos cotidianos de los líderes populistas que se comportan como aquel vecino que tuve,  dueño de un perro y un gato. Al primero le puso por nombre “miau”, y al segundo “guau”, de tal modo que cuando llamaba al gato por su nombre, acudía el perro, y viceversa. Lo malo fue que aquella confusión tan divertida lo llevó a alimentar al perro como un gato, y al felino como a un perro, siendo mordido y arañado por ambos.

Para el líder populista lo de menos es que el ciudadano sea perro o sea gato, sino que a sus maullidos responda ladrando. Eso lo saben de sobra los populistas que se refugian en el nacionalismo, porque éste, como el tabaco, sólo les gusta a los que se lo fuman. Son como el humo ajeno, que acaba cegando a quien lo exhala y asfixiando a quien no tiene más remedio que respirarlo. La ley antitabaco mandó a los fumadores a fumar a la calle, pero, por desgracia, no hay una calle disponible donde mandar a los nacionalistas a que se fumen su nacionalismo populista.

La lección primera que debe aprender todo político es que sólo a los enamorados y a los poetas, que creen en lo imposible, les está permitido decir lo que piensan. Y a la vista está, tarde o temprano a los enamorados se los acaba tragando el desamor y la desidia de lo cotidiano, y a los poetas… ¡Ay, a los poetas no los toma en serio nadie! Sin embargo fue un poeta, precisamente, quien dijo que unas veces por prudencia y otras por cautela nos paren con cuentos, nos mecen con cuentos, y a la luz de cuatro cuentos, y con los pies por delante, acaban aupándonos a la columna de la Eternidad.

            Estamos sujetos a la inexorable ley de Murphy, la cual no conocía San Simeón el Estilita, que tenía mucho de poeta, y por ello no se cayó de la columna en 47 años, ni oyó a los perros y los gatos pelearse: “Si algo puede salir mal, saldrá mal”.

            Dicen que el tal Murphy fue más expeditivo al formular la segunda parte de su famosa ley: “Es inútil hacer cualquier cosa a prueba de ineptos, porque los ineptos suelen ser muy ingeniosos“. Sobre todo cuando aspiran a subirse a la columna del poder y no bajarse de ella en décadas.

 

UN PERRO LLAMADO MIAU

Pan y agua

 

cesta de pan de Dali

“La cesta de pan” de Salvador Dalí (1926)

Uno de los recuerdos infantiles más arraigados en mi memoria, es ver a mi padre, llegada la hora de la comida, partiendo el pan con sus manos y dándonos a cada uno nuestro trozo correspondiente. Años más tarde percibí en aquella liturgia cotidiana, y nada ampulosa, el símbolo sencillo de la acción de entregarnos los frutos de su esfuerzo incondicional y de su trabajo honrado.

Acto seguido era mi madre quien nos llenaba los vasos con agua desde una jarra de cristal cuya boca la tapaba un pañito blanco de bordes rematados con arabescos de croché, que mi abuela se encargaba de tejer. Siempre percibí a mi madre en esos momentos como una fuente de agua transparente y fresca a la que acudir siempre que quisiera, o tuviera la sed de mis desasosiegos infantiles.

A veces el ajetreo de lo cotidiano nos mantiene ausentes de toda la tramoya de la vida. Fue ayer precisamente, mientras hacia mi caminata por el campo, cuando pude percibir que tras el ocaso se hizo un silencio de los pájaros que en mucho rememoraba la cita del Apocalipsis de San Juan que da nombre a la extraordinaria película del sueco Ingmar Bergman “El séptimo sello” (1957): “Y cuando el Cordero abrió el séptimo sello, hubo un silencio en el cielo como de media hora.” (Ap 8:1)

Se percibe en el ambiente nacional un sentimiento de ocaso. Una sensación de que algo se está acabando, por mucho que nos quieran poner en los arreboles de este atardecer unos cantos enlatados de unos jilgueros de mentira que hagan de este crepúsculo de derechos y de libertades un trampantojo de la España democrática surgida de la Transición. La marca España en este crepúsculo social está llena, sobre todo, de “pájaros de cuentas”.

A la caída de la tarde pude apreciar que los pájaros no cantaban, estaban posados en silencio sobre los cables de alta tensión de las compañías eléctricas, y entre las púas de las alambradas de espino. Y evoqué a mi padre partiendo el pan de su honradez y a mi madre escanciando el agua de su amor. Y a la mente me vino: Ibex35. Y aún no me lo explico.

Romance de ciego que se cantaba en la Romería de San Isidro en Guarromán

partitura romance de San Isidro

Trascripción musical de la melodía del romance de San Isidro que se cantaba en la romería de Guarromán.

En los años cuarenta del siglo XX un grupo de niños, hoy ya abuelos, aprendieron un romance de ciego en el que se cuentan varios milagros tradicionales de San Isidro, que se cantaba mientras se «hacía el camino» de la pradera, y que gracias a Juana Dorado, que en su tiempo nos lo cantó para su posterior trascripción, y a Santi Villar Caballero, cuya música nos transcribió gentilmente a un pentagrama, hoy podemos ofrecer.

Romance de ciego de San Isidro, recuperado por Juana Dorado que lo cantaba en los comienzos de los años noventa del siglo xx

San Isidro el labrador iba

pa su quintería

y cuando iba a labrar

era más de mediodía.

Los labradores de alrededor

al amo van a imponer

a decir que su criado

no cumple con su deber.

Si mi criado no labra

nada tiene usted que ver

a vos no le pido nada

para pagarle yo a él.

ellos se salen pa fuera

con cara de avergonzados,

y el amo que no era tonto

quiso enterarse del caso.

Buenos días tenga Isidro

dime quien te está ayudando.

Tan sólo un Dios verdadero

que me da salud y amparo.

En esos mismos momentos

Isidro salió arando

y vieron salir tres surcos

no habiendo más que un arado,

con dos ángeles detrás

todo vestidos de blanco.

A otro día de mañana

a Isidro mandó labrar

a tierras que no había agua

ni tampoco agua habrá.

Buenos días tenga Isidro.

Y venga con Dios mi amo,

como verá la faena

esto queda bien labrado.

Isidro no hay por aquí

ningún arroyo ni fuente

para calmar esta sed

que la traigo muy ardiente.

Y venga con Dios mi amo

no le extrañe que le diga

que en lo alto de la roca

brota el agua cristalina.

Isidro ha cogío la vara,

la vara de gavilanes,

y dando un golpe muy fuerte

el agua sale a raudales.

El amo ha cogío un caballo

y a su casa va llorando

diciéndole a su señora

que su criado era santo.

A otro día de mañana

las campanas repicaron

y van a sacar a Isidro

por mandato de su amo.

Por eso se hace la fiesta

el día quince de mayo.

De escopeta y perro

cazador de escopeta

 

(Andanzas y pitanzas del Maestre de la Cuchara de Palo)

Suelen decir las lenguas de doble filo, que haberlas las hay muchas y no para degustar manjares sino, por el contrario, para envenenar reputaciones, que alguien que no es de fiar y al que hay que tenerle cuidado es de escopeta y perro. La cosa es mucho más grave cuando se dice refiriéndose a una mujer, pues ser hembra de escopeta y perro, o lo que es lo mismo, de armas tomar, es motivo suficiente para marcar distancias y seguir camino por la otra vereda, si no se quieren tener pendencias, que siempre se ha dicho que en lo que ni nos va, ni nos viene, pasar de largo es cordura.

            Pero nada como no encontrar escarmiento en cabeza ajena para quitar sambenitos injustamente colgados. Así es que la del alba sería del día del Pilar, el día de los civiles que se acostumbra a decir entre escopetas y perros por honrar aquellos a la patrona de su Benemérita Institución, y fecha en la que por tierras de Jaén suele abrirse la veda general, cuando nos pusimos a andar en dirección a El Centenillo. Antes, entre el nerviosismo de los perros, el Caliche, perrero de nariz torcida, de ahí que digan de él que huele todos los vientos a un tiempo, había sacado una botella de aguardiente para matar el gusanillo, aunque en honor a la verdad el mío si acaso llegó a atontolinarlo, pues sólo mojarme los labios con aquel carrasqueño se me agarró una rescoldina en la boca del estómago que conseguí quitármela a duras penas con queso a medio curar y pan que crujía entre las manos como si estuviera vivo.

            Existe la creencia, cándida pretensión, de que por tratarse del día que es, están todos los guardias civiles de fiesta con el traje de gala, encontrándose los campos a merced de escopetas y perros. Nada más lejos de la realidad, pues no habríamos llegado al Barranco de la Mortaja, cuando nos pidieron nuestros papeles, los de los chuchos y los de las armas. El Caliche, en un respiro que le dieron los perros, nos comentó que el día del Pilar también tiene tarde y que esos guardias debían de ser de los que honraban a su patrona después del servicio matutino.

            Y entre muchos cerros que subían y muy pocos que bajaban, entre el petardeo de las escopetas y los canes ladrando, se nos vino encima el mediodía cuando avistábamos El Centenillo, en otros tiempos pueblo minero de compañías inglesas, y hoy delicioso y tranquilo lugar en el que pasar el verano. Nos sentamos en cuatro piedras que había junto a una encina alcornoquera y bajo su sombra varias veces centenaria, extendieron la caza. Tres perdices y seis conejos grandes, de esos que han quedado después del descaste de julio, sabios, curtidos, de los que ya conocen coneja y hubo que llevarlos con los perros hasta las bocas de las madrigueras. Abrió el Caliche una capacha de esparto y sacó una bota de vino y mientras la pasaba nos decía: “Sepan ustedes que el beber en bota es la forma más cristiana y más cazaora de acercarse al vino, pues se hace mirando al cielo para dar gracias a Dios y pendiente por si las tórtolas vienen”. Y mientras reíamos sus ocurrencias y los perros dormitaban en la sombra lo mucho bregado por la mañana, fue sacando unos tomates, unos pimientos, cebolla, ajos, laurel, aceite y sal, mientras Juanjo desollaba un conejo después de haber preparado la lumbre. Y entre cuatro ocurrencias del Caliche y otras tantas alabanzas a la bota nos vimos frente al perol del barrillo, o la barrecha, dando un viaje con tajá y otro con sopa, pues lo que está bueno de verdad es mojar en la salsa cuando en vez de conejo se hace con liebre.

perros cazando

Elefantes y megaterios

Papel-elefante

 

(Publicado en Diario Jaén el viernes 5 de mayo de 2017)

 

Uno de los elefantes más famosos de la historia contemporánea de España es un paquidermo rojo con la pata delantera izquierda levantada en actitud de comenzar a dar un paso. Me refiero al elefante que venía dibujado en color rojo, sobre un fondo amarillo oro viejo, en el celofán que enarbolaba la marca del que fue el primer y más popular papel higiénico español: “El Elefante, de 400 hojas”.

Aquel exponente del “Estado del Bienestar” apareció en nuestras vidas en los años postreros de la década de los sesenta del siglo pasado, cuando en una España que se apuntaba al desarrollo y a los avances sociales se empezó, haciendo alarde de progresía, por desprestigiar el hecho de ser de pueblo, no queriendo nadie parecerlo. Para ello cada cual escondía sus orígenes esforzándose por hablar “finolis” como los de Madrid, aunque a los rollos de “El Elefante, de 400 hojas”, que vino a sustituir para ese menester a los de periódico y a los de estraza, se les llamara coloquialmente sin pudor “papel del culo”.

Aquel elefante fue todo un paradigma de la sociedad que Cervantes ya había retratado en El Quijote, y que el franquismo sociológico trató de reproducir en sus planes de desarrollo: “Sólo dos linajes hay en España, que son el del tener y el del no tener”. El papel de “El  Elefante” tenía dos caras, una más amable, pero resbalona, y otra más eficiente pero más áspera. El ser y no ser de los españoles.

No hace tantos años la muerte de un lejano elefante provocó que se conmovieran nuestros pilares institucionales. Detrás de toda disculpa, por regia que fuera, siempre quedó algo irreparable. No sólo es que se hubiera matado un elefante, sino que quien lo hizo reinaba en un país cuyos dirigentes estaban dispuestos a resucitar el trasnochado elefante de las inciertas “400 hojas”, con todas sus texturas siempre rasposas, nada suaves y muy agresivas para sálvese la parte.

A los que nos amamantaron con la leche en polvo de la ayuda americana, allá por 1953, y ahora ya estamos inmersos en la “crisis existencial de los sesenta”, del mismo modo que padecimos el sarampión, las paperas y la reválida de sexto, le oíamos decir entonces a nuestros padres hasta la saciedad aquello de “los niños con los niños y las niñas con las niñas” y “tú hijo no te metas en ná”. Cuando íbamos a la mili nos apercibían de que lo mejor era no sobresalir ni por arriba ni por abajo, y sobre todo no llevar el paso cambiado. En una palabra: “No mojarse el culo por nada ni por nadie”. Las niñas, por su parte, debían educarse para llegar a ser hacendosas esposas, buenas madres y, sobre todo, expertas cocineras instruidas con el recetario de la Sección Femenina. De los niños se esperaba que fuéramos tan disciplinados y patriotas como los de la OJE, tan buenos como el niño San Tarsicio, tan campeones como el Real Madrid, y tan valientes y, a ser posible, tan ricos como una figura del toreo.

Viendo lo que ahora vivimos a diario en estos tiempos de la posverdad, uno siente un gran desconsuelo emocional. Nunca llegué a pensar que cuando Alfonso Guerra decía aquello de que a España no la iba a conocer ni la madre que la parió, no nos auguraba ni la “España del talante” de Zapatero, ni la “España va bien”  de Aznar, ni la España del “todo lo que se refiere a mi no es cierto, salvo alguna cosa  que han publicado los medios” de  Rajoy, sino una sociedad en la que los mitos huecos de nuestros adolescentes son los que pretenden encumbrarse sin necesidad de arrimar el hombro ni “mojarse el culo”.

El primer elefante que se llevó al Museo de Ciencias Naturales en Madrid lo mandó traer el rey Carlos III desde Filipinas. En 1788 llegó al museo el esqueleto de un megaterio desde Argentina. Carlos III le pidió al virrey por carta que le mandara un megaterio vivo. En diciembre de ese año el rey murió sin saber que los megaterios se habían extinguido, y desconociendo que el índice de prosperidad de un pueblo se mediría por la cantidad de papel higiénico que consumía. ¡Él, que decía que los españoles éramos como los niños pequeños, que llorábamos cuando se nos limpiaba el culo!

Megatherium_americanum

Esqueleto de Megaterio que enviaron desde Argentina a Carlos III. Hoy se expone en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid.

 

ARTICULO ELEFANTES EN DIARIO JAEN

Publicado en Diario Jaén el viernes 5 de mayo de 21017

Historia y leyenda del Pollo a la Secretaria de Alcalá la Real.

alcalá pollo a la secretaria
Fortaleza de La Mota en Alcalá La Real

Andanzas y Pitanzas del Maestre de la Cuchara de Palo.

Tiene Domingo Murcia Rosales, en Alcalá la Real, de donde es su cronista oficial, un huerto a los pies mismo de la fortaleza de La Mota y al final de la calle Real. Allí escribe desde cuando por primavera florece el granado, hasta cuando las nieves se prenden de la yedra esperando un año nuevo. En su huerto no cabe Alcalá la Real, como es evidente, pero sí toda su historia y sus leyendas, todo el cancionero de sus gentes y todo el aroma inolvidable de sus guisos.

Hasta allí llegó este maestre andariego un frío día de febrero, dejado llevar por la mucha consideración y estima que le tiene a su cronista, y recordando cómo las serranillas convidaban al Arcipreste de Hita, otro ilustre alcalaíno, hizo aprecio de la sin par hospitalidad que en esta tierra se despacha.

“Te llevaré a casa

y te mostraré el camino

te ofreceré fuego y brasa,

y te daré pan y vino”.

Algo más que pan y vino se me dio, pues nada más llegar, siendo hora temprana, probé unos deliciosos roscos de vino, blancos, enlustrados en azúcar, que se me dijo los había hecho Visita la de los roscos, llamada así por la mucha y justa fama que tienen los por ella hechos. Y se me dio también mucha conversación en la que Domingo Murcia me contó la historia del guiso más curioso que comer se pudiera, un pollo con arroz, ¡pero sin arroz!, al que llaman Pollo a la secretaria.

Se acostumbra en Alcalá a “ir de guiso”, sobre todo el día de san Roque en el que lo hace toda la familia, pero los demás días del año a los guisos alcalaínos no van más que los hombres, quienes, mientras se prepara y cocina el condumio, charlan, toman vino del terreno y le dan al naipe. Pues bien, corrían los años veinte del pasado siglo, cuando Cayetano Sierra Montañez acude a la tienda de ultramarinos de Cayetano Montañez a quien le encarga que prepare las viandas precisas pues unos cuantos amigos se “van de guiso”, son éstos Alejandro Serrano, Luis y Manuel Retamero, Manuel Durán, Carlos Calvo y Fernando Ruiz de la Fuente Abril, que era el guisandero y a la sazón secretario del Ayuntamiento de Alcalá. El lugar, posiblemente el cortijo Menchón en los alrededores de la ciudad. Pasado el tiempo convenido pasa Cayetano Sierra por la tienda a recoger el paquete con los avíos. Una vez en el cortijo se le va dando conversación al vino y aire al naipe, mientras tanto el guisandero y secretario municipal, Ruiz de la Fuente, pone una sartén con los pollos camperos, de esos que llaman “picamierdas”, que son los buenos, una vez limpios, troceados y condimentados con su sal y su pimienta. En un mortero ya se está majando la asadurilla de los pollos. El sofrito listo con el ajo, la cebolla y el azafrán, y el tomate, el pimiento morrón y los guisantes esperando a que les toque pasar por la sartén. ¿Y el arroz?, pregunta el guisandero. No hay arroz, ni posibilidad de ir a por él a estas alturas del guiso. ¿Lo olvidó Cayetano Sierra Montañez en el mostrador de la tienda? ¿Se olvidó de servirlo Cayetano Montañez? Entre Cayetanos anda el juego y no de cartas. La verdad es que el secretario Ruiz de la Fuente “tiró palante” con lo que le habían llevado, y acabó cocinando el famoso pollo del arroz olvidado. Sus amigos, por lo exquisito que estaba y ser él quien lo hizo, lo llamaron pollo a la secretaria, siendo desde entonces el plato señero de Alcalá la Real.

Alcalaínos de toda la vida me contaron que en esto de hacer este peculiar guiso ha habido, y los sigue habiendo, verdaderos maestros que han creado escuela. Una escuela que le ha puesto jamón, otra champiñón, otra verdurillas. De los mejores han sido el octogenario Casiano; lo fue el recordado “Compae Castillo”; la dinastía de los Jiménez, Pedro y Luis; la de los “Chirris”, Antonio y “Tele”; y un lugar inigualable como la Huerta de Pío, dónde se hicieron muchas, y sus anfitriones, Lola Bermúdez y Cristóbal Pío-Rendón, bajando la llave que campea en el hospitalario escudo de Alcalá, la abrieron a músicos, poetas, políticos, militares, toreros, flamencos y hasta a este modesto maestre que va por esos caminos del Señor hurgando en ollas y aventando fogones por mejor pasar los días.

Muy Ilustre y Noble Orden de los Caballeros de la Orden de la Cuchara de Palo

Círculo de Estudios Gastronómicos Giennenses