Romance de ciego que se cantaba en la Romería de San Isidro en Guarromán

partitura romance de San Isidro

Trascripción musical de la melodía del romance de San Isidro que se cantaba en la romería de Guarromán.

En los años cuarenta del siglo XX un grupo de niños, hoy ya abuelos, aprendieron un romance de ciego en el que se cuentan varios milagros tradicionales de San Isidro, que se cantaba mientras se «hacía el camino» de la pradera, y que gracias a Juana Dorado, que en su tiempo nos lo cantó para su posterior trascripción, y a Santi Villar Caballero, cuya música nos transcribió gentilmente a un pentagrama, hoy podemos ofrecer.

Romance de ciego de San Isidro, recuperado por Juana Dorado que lo cantaba en los comienzos de los años noventa del siglo xx

San Isidro el labrador iba

pa su quintería

y cuando iba a labrar

era más de mediodía.

Los labradores de alrededor

al amo van a imponer

a decir que su criado

no cumple con su deber.

Si mi criado no labra

nada tiene usted que ver

a vos no le pido nada

para pagarle yo a él.

ellos se salen pa fuera

con cara de avergonzados,

y el amo que no era tonto

quiso enterarse del caso.

Buenos días tenga Isidro

dime quien te está ayudando.

Tan sólo un Dios verdadero

que me da salud y amparo.

En esos mismos momentos

Isidro salió arando

y vieron salir tres surcos

no habiendo más que un arado,

con dos ángeles detrás

todo vestidos de blanco.

A otro día de mañana

a Isidro mandó labrar

a tierras que no había agua

ni tampoco agua habrá.

Buenos días tenga Isidro.

Y venga con Dios mi amo,

como verá la faena

esto queda bien labrado.

Isidro no hay por aquí

ningún arroyo ni fuente

para calmar esta sed

que la traigo muy ardiente.

Y venga con Dios mi amo

no le extrañe que le diga

que en lo alto de la roca

brota el agua cristalina.

Isidro ha cogío la vara,

la vara de gavilanes,

y dando un golpe muy fuerte

el agua sale a raudales.

El amo ha cogío un caballo

y a su casa va llorando

diciéndole a su señora

que su criado era santo.

A otro día de mañana

las campanas repicaron

y van a sacar a Isidro

por mandato de su amo.

Por eso se hace la fiesta

el día quince de mayo.

Gastromerías

GASTROMERIAS AUTOR Y ANTONIO

El autor con el guarromanense Antonio Hernández preparando el tradicional arroz de romería en la Pradera de San Isidro en Guarromán.

 

Mira, paisano, decía Álvaro Cunqueiro, que como buen gallego sabía de romerías, del buen comer y de los asuntos del más allá,  que “sin vino no hay cocina, y sin cocina no hay salvación ni en esta vida ni en la otra”, del mismo modo que tenemos asumido que con pan y vino se hace el camino, y como afirmaba Machado, don Antonio, no hay más camino que el que se hace al andar. Y donde hay camino y romería,  siempre hay fe, hay danza y pitanza que llene la panza.

¡Qué próximos están el corazón y el estómago, paisano! Y sin embargo que distintos son. Es el primero el órgano más generoso del cuerpo, mientras que el segundo es el más rencoroso e irreconciliable, pues no hay nada más difícil de olvidar y perdonar que el hambre padecida de forma injusta, motivo en la Historia de muchos enfrentamientos fratricidas.  Bien que lo decía Benito Pérez Galdós, el don Benito con el que comparto generoso bigote y querencia al costumbrismo, en su obra de estrecheces Misericordia: “Bendito sea el señor que nos da el bien más grande de nuestro cuerpo: el hambre santísima”.

La alegría de la fiesta mostrada en las romerías a través de sus comilonas y sus bailes no es, como les puede parecer a los espectadores más puritanos, una muestra de la hipocresía de los romeros sino la consecuencia lógica del esfuerzo de la caminata y los sufrimientos del camino. Siempre, paisano, los seres humanos hemos sido más propensos a los gozos de la fiesta que a las espinas de la purificación.

En todas las romerías, y especialmente en las romerías marianas, sobre todo en esta tierra que catalogamos como la de María Santísima, a la que tenemos por nuestra santa Madre, es fácil argumentar un esquema fundamental romero: El camino hacia la Madre, el encuentro con la Madre, y el… desmadre. Afirmación que parece estar sustentada en la filosofía del Periandro de Cervantes antes de convertirse en Persiles: “Las leyes del gusto humano tienen más fuerza que las de la religión”.

De siempre, paisano, el saber vivir ha sido mucho más importante que el saber a secas, por eso el empeño que ponemos siempre en “remojar” los saberes.

(@suarezgallego)

Publicado en Diario JAEN el martes 29 de abril de 2014

GASTROMERIAS FACSIMIL DIARIO JAEN