Sentirnos vivos en Jaén con JAÉN

Publicado en en el Suplemento Extraordinario de Diario JAÉN con motivo de su 80º Aniversario el jueves 1/4/2021

Decía Gloria Fuertes, que vivir, en esencia, era como hacer una tortilla, cuestión de echarle un par de huevos …pero con mucha poesía. Todo lo demás, según parece, no es más que el artificio que nos montamos para alargar los días, pese a que la vida nos resulta injustamente breve. No hay nada, por tanto, tan efímero como todo lo escrito en un periódico, y sin embargo nunca renunciamos al íntimo deseo de hacer posible que   nuestras palabras nos sobrevivan.

Esto de juntar letras se inició en mí en Granada, ciudad en cuya universidad comencé –allá por los años setenta del pasado siglo– este oficio de tinieblas en el que tarde o temprano acaba convirtiéndose la pasión por escribir. Aunque, como decía Borges, hay que jactarse más de lo que uno ha leído que de lo que uno ha escrito, porque en el fondo ponerse a escribir no es otra cosa que intentar abrir una caja de sorpresas, o el cofre de Pandora, o la chistera de un prestidigitador. Como diría Nathalie Serraute, “escribir es tratar de saber qué escribiríamos si escribiéramos“.

Fue en el Diario Patria de Granada en el que comencé en unos años en los que se presentía que un dragón moría y un ruiseñor estaba por nacer. Allí conocí a José Luis Moreno Codina, el redactor de deportes veterano, que siempre nos abrió los brazos a los novatos más como hermano mayor de una familia que olía a plomo de linotipias, que como maestro que olía a incienso, aunque de él aprendimos el respeto a santuario que hay que tenerle a la redacción de un periódico

Andando el tiempo los dos recalamos en Jaén. Qué cosa más grande y qué privilegio es que la vida le dé el doctorado de buena gente a los “granaínos” en Jaén,  porque nos hace impenitentes aprendices de ser todos los días unos buenos granadinos en Jaén, a cambio de acabar siendo con los años unos giennenses incondicionales “nacíos en Graná”. Dicen desde la sacrosanta “malafondinga” que los de Granada nacemos donde nos da la gana, a excepción de los “granaínos privilegiados” que tenemos la suerte de renacer cada día en Jaén.

¡Qué bonitas son la mayoría de las palabras! –exclamaba el Beato Manuel Lozano Garrido “Lolo” desde su exquisita espiritualidad y su condición de periodista–, tan minúsculas, tan relativamente cortas cruzan la hondura de nuestro silencio como un cometa que dejase en el aire el bello recuerdo de su luminaria”. Y sentenciaba: “Lo bueno de las palabras es su interioridad, su verdad”.

Escribir en la prensa diaria es una aventura muchas veces fascinante que tiene la buenaventura de dar a la luz pública nuestras palabras, nuestras ideas, nuestros conocimientos, a través de la letra impresa y en un número de ejemplares, en una tirada, que difícilmente se consigue en un libro. Pero, a la vez, padece el gran inconveniente de ser flor de un día que suele perder interés a la caída de la tarde. El artículo periodístico se oculta en las páginas del diario o de la revista para morir en el contenedor de papel y sólo se salva gracias al archivo particular, al del mismo medio o al estante de la hemeroteca, en donde ha de ser descubierto casi milagrosamente para recobrar la libertad gracias, sobre todo, a la fotocopiadora. Afortunadamente la tecnología telemática hace en estos tiempos que los periódicos pervivan en internet, y que no decaiga en nosotros el romanticismo de leerlos en papel, acariciando sus hojas.

Casi media vida de este periódico llevo escribiendo en sus páginas, en sus coleccionables y en sus enciclopedias, y ni un sólo día he dejado de sentirme orgulloso de hacerlo. Por eso hoy, Jueves Santo, llegada la hora de la emoción tabernaria, junto a mi contertulio El Caliche, brindaré por estos 80 años de Diario JAÉN, y por el recordado José Luis Codina que me abrió sus puertas, y por Juan Espejo que nunca me las cerró. Y brindaremos también por todos los que han hecho posible esta seña de identidad de nuestra tierra, y brindaremos con Godot, si es que viene con el duende de la esperanza, que tanta falta nos hace. Y nos encontrarán, como siempre, al oriente de la barra, que es dónde se ponen los hombres que buscan la luz de las cosas, sobre todo hoy Día del Amor Fraterno.            

¡Feliz cumpleaños Diario JAÉN! Que cumplas muchos más, y nosotros lo veamos, lo escribamos y lo leamos.

© José María Suárez Gallego

Premio Cultura Gastronómica

En la vid, el trigo y el olivo se encuentran las raíces de la cultura del Mediterráneo

Recibir un premio siempre gusta y te anima. Sobre todo, cuando viene desde una institución como Diario JAÉN y se entrega en la comarca en la que vivimos y trabajamos por ella, en Sierra Morena.

Son municipios que están implicados en la historia de la Cuchara de Palo: Guarromán, por el nacimiento de la orden; Carboneros, donde entregamos nuestros premios en los últimos cuatro años, y La Carolina que es donde se celebra el acto gastronómico de los premios de La Cuchara de Palo”.

Estas son las palabras de José María Suárez Gallego, cronista oficial de Guarromán y presidente, maestre prior de la Muy Ilustre y Noble Orden de los Caballeros de la Cuchara de Palo, que recibe el Premio Cultura Gastronómica.

Añade que recibir el galardón Reino de Jaén le supone una doble satisfacción, “por ser premiado en la comarca en la que surgió la Orden, que se apoya en la historia de los colonos que vinieron en el siglo XVIII”.

Suárez Gallego recuerda que la protohistoria de La Cuchara de Palo surgió el 24 de diciembre de 1983 en Guarromán. Un grupo de amigos nos reunimos a comer el almuerzo del día de Nochebuena de forma fraternal. No éramos parientes pero sí formábamos una familia en nuestros trabajos cotidianos en Guarromán, de ahí que eligiéramos la comida de un día tan señalado para reunirnos, reservando la cena para la llamada familia de sangre. Pero, como él, además, es cronista oficial de Guarromán, en una investigación que hizo en el Archivo de Simancas localizó un documento en el que el superintendente de Carlos III, Pablo de Olavide, mandó que los alcaldes pedáneos se eligieran el día 24 de diciembre a las tres de la tarde.

Eso coincidía con lo que nosotros, sin saberlo, veníamos haciendo”, precisa José María Suárez Gallego. Realmente, debía ser una fiesta, apostilla, ya que la matanza estaba recién hecha; la cosecha de aceituna, que en el siglo XVIII era mucho menor que la que hay ahora, estaba acabada e, incluso, el vino de la uva vendimiada en septiembre, ya estaba en su punto.

Si se unen estos aspectos, aquellos colonos que iban a la casa del alcalde saliente, se quedaban a comer allí. Cada cual portaba su cuchara, que era de palo. Cuando los franceses intentan suprimir el fuero otorgado por Carlos III, los colonos reivindican sus derechos forales, y uno de ellos era no ir al ejército, levantando sus cucharas de palo, las que llevaban para elegir a sus alcaldes.

Toda esa historia se hila y permite que el 10 de marzo de 1990 naciera la Muy Ilustre y Noble Orden de los Caballeros de la Cuchara de Palo, sin otros fines que defender la cultura del olivo, como árbol de la paz, y defender el santo y seña de nuestra cultura gastronómica que es el aceite de oliva virgen extra”.

En este caso, la defensa del aceite y del olivo la hacen con la cuchara de palo.

Fuente: Real Asociación Española de Cronistas Oficiales

José María Suárez Gallego, Premio a la Cultura Gastronómica, de Diario Jaén