Cronistas en Baeza

La ciudad de Baeza acoge desde hoy y hasta el próximo domingo día 6, el XLV Congreso Nacional de la Real Asociación Española de Cronistas Oficiales (RAECO), que preside S.M. el Rey. Se han inscrito 72 cronistas, de los cuales 12 pertenecen a esta provincia y dos a la asociación homónima en Méjico. Se alcanza el número de 150 participantes que presentarán y debatirán 60 comunicaciones de carácter histórico y etnográfico de los diferentes pueblos y ciudades de España, si bien una cuarta parte de ellas están dedicadas al estudio de Baeza y la proyección de su arquitectura del Renacimiento, y a su Universidad, que en este año conmemora los 477 años de la concesión por parte del papa Paulo III, en 1542, de la potestad de conceder los grados de bachiller, maestro, licenciado y doctor.

            Este congreso cuenta con el patrocinio del Ayuntamiento de Baeza a través de la especial implicación de su alcaldesa Lola Marín, como con el tradicional apoyo que la Diputación de Jaén le viene otorgando a los cronistas oficiales desde la creación en 1993 de la Asociación Provincial “Reino de Jaén”.

            Será precisamente el cronista oficial de Baeza, José Luis Chicharro Chamorro, el encargado de pronunciar la conferencia inaugural bajo el título “Baeza en el tiempo”.

            No es la primera vez que afirmo que me considero un enamorado de Baeza, tal vez porque en sus calles, entre sus piedras cristianas, judías, moras, medievales y renacentistas, resuena el eco de tantas buenas vibraciones que he sentido en ella. Baeza no es una ciudad en la que perderse, más bien es una ciudad en la que encontrarse consigo mismo, en el silencio inmenso que emana del murmullo de sus emociones.

            Esta sensación la he experimentado en varios ámbitos personales que han hecho que Baeza al final acabara estando en el norte de la brújula de mis pasiones y mis devociones. Este año precisamente, y hasta diciembre, Baeza es la Ciudad de la Orden de la Cuchara de Palo, que me honro en presidir, como reconocimiento a su labor para poner en valor lo mejor de la gastronomía provincial. Los Premios Nacionales Cuchara de Palo de esta edición anual se entregaron en enero en el magnífico auditorio del Convento de los Trinitarios Descalzos, siendo investidos en ese acto la alcaldesa de Baeza y el cronista oficial de la ciudad, José Luis Chicharro Chamorro, como comendadores de la Orden, portando la esclavina granate en memoria de Pablo de Olavide, otro de los nexos de unión emocional que unen las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, de las que Olavide fue su superintendente, forjador y alma mater, y cuyos restos descansan en el templo baezano de San Pablo. El 8 de diciembre de 1990, festividad de la Inmaculada Concepción, Patrona de las Nuevas Poblaciones, y dentro de los actos del IV Congreso Histórico, se colocó una placa de piedra artísticamente esculpida y labrada en la puerta posterior del templo de San Pablo que recuerda que en esa iglesia descansan los restos de Olavide. En calidad de secretario de organización de aquel congreso, redacté, diseñé, encargué y pagué (100.000 pesetas de la época), lo que siempre ha supuesto en mi una emoción añadida a mi relación con Baeza desde el recuerdo al Intendente Olavide.

El 25 de febrero de 2018, coincidiendo con el 215 aniversario de la muerte de Pablo de Olavide, la Comisión Nacional para la Conmemoración del 250 aniversario de la promulgación de Fuero de 1767 por el que se fundaron las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía, nos congregamos en Baeza ante la placa que recuerda al intendente en la iglesia de San Pablo, honramos su memoria, y la de todos los que asistieron a su colocación 28 años antes y ya nos faltan, con una corona de ramas de olivo y laurel enlazadas por los colores celeste, blanco y verde de la bandera de Olavidia.

Pero también he sentido en Baeza la emoción de Antonio Machado, a quien también la Orden de la Cuchara de Palo le rindió un emotivo homenaje en el paraninfo y el aula en la que impartió clases en el Instituto de la Santísima Trinidad. ¡Baeza es ante todo la pasión por una emoción!

© José María Suárez Gallego

Publicado en Diario Jaén el viernes 4 de octubre de 2019

Poesía gastronómica

Atenea junto a las musas, de Frans Floris (c. 1560)

Decía el inefable Oscar Wilde con su flema británica, que desde un buen banquete se podía perdonar a todo el mundo, incluso a los parientes. La sabiduría popular ha sabido edificar en el refranero un templo en el que venerar las cosas del comer: “Después de Dios, la olla; y todo lo demás es bambolla“. Y es que alimentarse ha pasado de ser una mera necesidad a todo un arte en el que se explaye el talento humano, y ahí estriba la diferencia entre la oveja que pace y el hombre que come. Brillat Savarin, el jurista francés que vivió a caballo entre los ilustrados del siglo XVIII y los románticos del XIX, y quien es tenido como el padre de la literatura gastronómica, llegó a decir que la invención de una vianda contribuye más a la felicidad del género humano que el descubrimiento de un nuevo astro, siendo por ello tal vez por lo que no sólo los frailes han de ser cocineros antes de tomar el hábito monacal, sino también los astronautas antes de emprender viaje a las estrellas.

Pero la filosofía tradicionalmente ha denostado a la cocina al considerarla una actividad sin mayor relevancia conceptual. Esta visión fue iniciada por Platón, reafirmada por Aristóteles y conservada durante siglos sin ninguna crítica, hasta que en el siglo XX el pensamiento postmoderno vuelve su vista sobre el cuerpo y todo lo que conlleva.

Efectivamente el filósofo Platón en un dialogo de El Banquete entre Sócrates y Apolodoro, nos dice que “la cocina no es un arte, es más bien una especie de rutina cuyo objeto es procurar el bienestar y el placer”.

Pese a todo Brillat Savarin, con la publicación de su libro “Fisiología del gusto” (1825), consideró la cocina como una de las bellas artes y declaró a Gasterea como la musa de la gastronomía, quien “preside los deleites del gusto”, uniéndola a las nueve musas canónicas ya establecidas por el mundo clásico, y desmintiendo, de paso, los criterios al respecto del gran Platón.

En la mitología griega las musas eran divinidades femeninas. Para los escritores más antiguos, eran las diosas inspiradoras de la música, posteriormente se estableció que estas musas presidían los distintos tipos de poesía, así como las artes y las ciencias.

Calíope, la de la bella voz, era la musa de la elocuencia, la belleza y la poesía épica. Erato es la musa de la poesía lírica-amorosa y es representada en diversas obras con una lira. Polimnia es la musa de los cantos sagrados y la poesía sacra. Terpsícore, la que deleita en la danza, es la musa de la danza y la poesía coral. Talía era la musa de la comedia y de la poesía bucólica. Urania, la celestial, la musa de la astronomía, poesía didáctica y las ciencias exactas. Correspondería a Gasterea ser la musa de la poesía gastronómica y de la cocina como una de las bellas artes, según Brillat Savarín.

A tenor de lo dicho, la Orden de la Cuchara de Palo, con el apoyo del Ayuntamiento de Guarromán y de la Asociación Comisión Nacional Fuero 250, va a convocar un Certamen Literario Nacional de Poesía Gastronómica, que en esta primera edición girará sobre “Quesos y Versos”, aunque también se contará con una sección de temática libre.

Bien es sabido que la poesía es una forma de reivindicar, o de revolucionar. En Estados Unidos, Charles Simic (1938) y Mark Strand (1934-2014) son dos poetas que se percataron de que, cuando se mencionaba algún plato o manjar en sus poemas, recibían una sonrisa de su público, y a partir de ese momento crearon un movimiento: la poesía gastronómica. Con ella se propusieron llegar a un país en el que la gente apenas leía, pero sí se deleitaba comiendo y bebiendo.

En Jaén tenemos como botón de muestra de esta gastropoesía “La cena jocosa”, del sevillano Baltasar del Alcázar, siglo XVI, poema en el que se exaltan todas las viandas de las que se podía disfrutar en esta tierra en el Siglo de Oro.

Dentro de la poesía con contenido gastronómico, gastrosófico más bien en este caso, me quedo con unos versos de la sin par Gloria Fuertes: “La vida es como hacer una tortilla, ¡cuestión de echarle huevos!”. Pero con mucha poesía, añado yo.

© José María Suárez Gallego

Publicado en Diario JAÉN el viernes 31 de mayo de 2019