La Navidad bien entendida

Viridiana (1961). Dirigida por Luis Buñuel.

Decía el bueno de mi abuelo Paco –quién me enseñó a atrapar los días por sus aristas cortantes y no cortarme— que cuando alguien acudiera a mi puerta solicitando unas monedas de ayuda, lo socorriera sin titubear, sin entrar a considerar la certeza o el fingimiento de su necesidad. Argumentaba mi abuelo que en el ejercicio de toda caridad siempre había una gran dosis de egoísmo, además de la consabida  pretensión vana de aquellos que dejados llevar de su cicatería moral pretendían ganarse la vida eterna a golpe de calderilla, pues el fin último de la misma, se mire por dónde se mire, no es un acto de solidaridad pura –ni mucho menos de justicia– sino el deseo de que no se pierda, perpetuándola, la costumbre de dar cuando  se nos pide de sopetón, bote pronto, sobre todo por si llegada la desgracia nos vemos obligados a pedir nosotros también,  que de sobra es sabido lo veleidosos que son los avatares de la vida.

Apostillaba mi abuelo que toda limosna debía ir acompañada sólo de una sonrisa. Para él era bochornoso el comportamiento de aquellos que por el hecho de dar unas mugrientas monedas se creían asistidos del derecho de dar también un consejo: “Tenga usted hermano y no se lo gaste en vino”, esgrimiendo la pretensión de constituirse en socios capitalistas de la desgraciada empresa del pobre –precisamente su pobreza— decidiendo el destino más apropiado para tan exiguos fondos.

Hace tiempo que se me fue mi abuelo Paco al reino de los justos, y aún echo de menos sus pláticas. Hoy no entendería cómo la solidaridad, la caridad y la ecología son objeto de un boyante negocio,  a la vista de cómo han proliferado las ONG a la sombra del prestigio de otras más veteranas y solventes.

Con los años, una vez que he perfeccionado la técnica de atrapar los días por sus aristas cortantes y no cortarme, la sociedad que me promete pan y amor todos los días, me ha asignado un mendigo oficial con el que hacer caridad, sin darle consejos y acompañando mi exigua  dádiva de una sonrisa, –ciertamente con lo que le doy el buen hombre no tiene más remedio que conformarse con el tinto de tetrabrik–, pero muchas veces tengo la sensación íntima de que con mi silencio cobarde, con mi actitud cómoda y pasiva de ser solidario por domiciliación bancaria, de la misma forma que soy consumidor de carísima energía eléctrica o líneas telefónicas con descuentos por permanencia, estoy colaborando a que se sigan haciendo pobres durante todo el año para luego poder hacer caridad con ellos en Navidad y otras fiestas de guardar. La Navidad bien entendida, efectivamente, comienza por uno mismo, precisamente por el compromiso que cada cual se haga de trabajar activamente para que situaciones de flagrante injusticia se resuelvan de una puñetera vez. Lo demás, es dejar en manos de desaprensivos una cruda realidad hecha datos estadísticos que se arrojan como dardos los unos a los otros en beneficio propio y con la catapulta del fanatismo. 

Releo un libro vigente: “Contra el fanatismo”, editorial Siruela, Madrid, 2007, del escritor pacifista israelí Amos Oz: “Se trata de una lucha entre los que piensan que la justicia, se entienda lo que se entienda por dicha palabra, es más importante que la vida, y aquellos que, como nosotros, pensamos que la vida tiene prioridad sobre muchos otros valores, convicciones o credos. […] Se debe a la vieja lucha entre fanatismo y pragmatismo. Entre fanatismo y pluralismo. Entre fanatismo y tolerancia”. Echa uno cuentas y comprueba la cantidad de fanatismos que nos rodean y son generadores de pobreza y odio: Fanatismos políticos, económicos, religiosos, nacionalistas y hasta deportivos.

Frente a tanto “señorito Iván” revestido de Herodes por Navidad luchando contra la esperanza de tantos otros santos inocentes, reivindico la “¡Milana bonita!” del  Azarías que nos describió magistralmente el maestro Miguel Delibes.

¿Por qué algunos se empecinan en hacer pobres desde la sombra, durante todo el año, para luego poder hacer caridad con ellos en Navidad bajo el postureo de las rutilantes luces de colorines?

© José María Suárez Gallego

Publicado en Diario JAÉN, el viernes 10 de diciembre de 2021

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s