Epílogo a modo de homenaje a Julio Caro Baroja

D. JULIO CARO BAROJA

D. JULIO CARO BAROJA

(Texto de José María Suárez Gallego publicado en “Mujer, familia y sociedad”. Actas el IV Congreso Histórico sobre Nuevas Poblaciones. Centro de Estudios sobre Nuevas Poblaciones “Miguel Avilés”. La Carolina y Guarromán, 1996)

En las calores del verano más tórrido y seco que recuerdan las últimas generaciones, un 18 de agosto de 1995, en la paz y el sosiego de su casa de Vera de Bidasoa, nos dejó para siempre Julio Caro Baroja, el don Julio de inquieta y octogenaria mirada y sempiterna pajarita de profesor veterano, misógino por mor de que siempre le escasea el tiempo, caprichosa paradoja, precisamente a quien anda en los menesteres de investigarlo una vez hecho historia y costumbre. No se puede atender bien a dos pasiones sin que una deje de serlo, y es que para Julio Caro Baroja su quehacer de investigador, de erudito hurgador en las entretelas del cómo y el porqué del paisaje y el paisanaje de España, fue una pasión, si bien, una pasión totalmente desapasionada, pues nunca se vió su pluma ni su ánimo perturbado ni afecto de desconcierto alguno. Hablo, pues, de entusiasmo remansado y decantado en la precisión del dato y la conclusión meditada fruto de científica reflexión. He dicho erudito hurgador porque gran parte de su obra no ha hecho otra cosa que atizar las lumbres en cuyas ascuas se cuece la identidad de nuestros pueblos(1), advirtiéndonos, eso sí, a cada paso, del peligro que corremos si nos abandonamos, con riesgo de perdernos, por los caminos en los que las señas de identidad de un colectivo son fruto de unos cuantos tópicos que, una vez aventados y extendidos como el fuego, no nos dejan más cenizas que la intolerancia y la xenofobia, cuando no, execrables nacionalismos que argumentan ignotas identidades diferenciadoras con la sinrazón de campos de exterminio, guetos, tiros en la nuca y coches bomba.

Julio Caro Baroja ha estado siempre a caballo entre la Antropología filosófica y la Antropología cultural. Avezado observador de pueblos y gentes, de ritos y mitos, de trabajos y técnicas, impenitente desfacedor de los entuertos que tópicos, equívocos y falsedades han creado en historiadores, antropólogos, etnólogos, flocloristas, e incluso en políticos de tercer o cuarto orden, que han tomado de la canción sólo el estribillo y a partir de ahí han querido justificar toda “su” sinfonía nacionalista(2).

Se nos fue Julio Caro Baroja, el don Julio que tan bien conocía a los españoles desde lo más ancestral de sus costuras culturales, y todos nos hemos quedado un poco más huerfanos de sentido cómun y visión equilibrada del pasado y del futuro. En su obra nos ha dejado escrita, a modo de testamento, la lección primera de cómo se puede trabajar en profundidad el campo de la Historia, la Antropología y el Folclore sin recurrir a los biologismos, sin distorsiones esquemáticas hacia lo “total” o “constante” y, muy especialmente, sin apoyar en centenares, a caso miles, de fichas fruto de la observación, toda una serie de conclusiones forzadamente generalizadoras de lo que él denominaba “providencialismos antagónicos”(3). Irse por las ramas biologistas, es decir, enterder que el “pueblo” (el “volk” alemán de Nietzsche, o el “ethnos” de los griegos) produce canciones y refranes como el gusano de seda produce su capullo o la araña su tela, puede llevarnos a los extremos de considerar que las costumbres populares son la antítesis del hombre civilizado, produciéndose, por tanto, la dicotomía entre cultura popular y civilización, postura ésta vigente hasta no hace muchos lustros y frente a la cual comenzó a situarse Antonio Machado Alvárez “Demófilo”, a finales del siglo XIX, empezándose entonces la árdua tarea de llevar el Flamenco desde lo meramente “popular” hasta la “divinizada civilización” de la cultura elitista. Y hablamos del Flamenco por lo próximo que nos es, pero bien pudiera aplicarse a tal o cual lengua vernacula, o tal o cual forma de vestir. Las ramas biologistas, que nunca entendió ni justificó Julio Caro Baroja, pueden llevarnos, también, a la Antropología que él llamaba “politica”, de inconfesables raices y motivaciones “económicas”, basada en el darwinismo y –según él– en especulaciones peregrinas(4) (me viene a la memoria la cuestión del Rh de la sangre que algunos esgrimen como hecho diferenciador y justificación nacionalista), pilar de sostén del racismo, que conlleva a que la glorificación del propio grupo esté condicionada a una marcada hostilidad hacia otros grupos.(Función ésta que en tiempos de paz viene a jugar la rivalidad futbolística, en nuestros días, como válvula de escape de violencias y hostilidades del ancestro tribal).

Y me detengo en estas consideraciones por lo expuestos a la tentación que estamos los historiadores locales, en un momento dado, a tomar el sendero del estéril “chauvinismo” y comenzar a confundir lo “propio”, lo “castizo”, con lo “puro”, y a los “casticistas” con los “puristas”. Julio Caro Baroja nos lanza su aviso a navegantes cuando nos dice: “Lo castizo -insisto– no es lo puro o lo genuino ni lo antiguo. Es más bien lo determinativo, lo más significativo, dentro de un ámbito popular en un momento. […] La palabra “castizo” encierra, pues, unos principios de equívoco tan grandes como la palabra “tradicional”.La gente quiere darle valores de pureza y de cosa remota e invariable. Pero con frecuencia esta voluntad se basa en datos falsos y aún contrarios a la experiencia histórica.”(5) Queda claro, pues, que los que andamos las veredas de la historia local, de la historia de una Mancomunidad Cultural, aspiración que tienen las Nuevas Poblaciones fundadas por Carlos III al amparo del Fuero de 1767, los que nos movemos por las trilladas calzadas de la cultura popular y tradicional de estas poblaciones, no tenemos como materia de investigación más que un “momento” y “un elemento”, sea cual sea, determinativo de ese intervalo de tiempo histórico. Y lo “puro” y lo “castizo” nos brota en el hoy y en el ayer mismo de las tradiciones que a raíz de estos Congresos de Historia van surgiendo: La Campana de las siete generaciones, de Guarromán, los Colonos de Honor, las varias Fiestas de la Fundación de estos pueblos. Estos mismos congresos son ya tradición, “pureza castiza” del momento de nuestros días que arrancan de 1983, fecha del Primer Congreso Histórico sobre Nuevas Poblaciones. En este caso el proceso ha sido inverso, partiendo de datos históricos, no falseados ni contaminados por justificaciones interesadas, se ha llegado a lo castizo, a lo que es genuino de estas Nuevas Poblaciones: Su propia historia. No se ha corrido el riesgo de justificar lo “puro” con hechos y datos históricos. Lo castizo y lo puro aquí es la historia de sus gentes, el genuino, por singular, origen de la puesta en marcha y posterior desarrollo de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía.

Plano de la ciudad proyectada para La Carolina después de su fundación en el año 1767.

Plano de la ciudad proyectada para La Carolina después de su fundación en el año 1767.

Valga todo lo hasta ahora escrito sobre identidades, purezas, y especulaciones peregrinas sobre los nacionalismos, como el “paso purificador del desierto” al que nos sometimos antes de llevar a efecto el encargo hecho en el III Congreso, celebrado en 1988, cuando ante el Arbol de las Nuevas Poblaciones plantado con todas las tierras de los municipios creados cuando cesó el Fuero (1935), se nos encargo por el entonces alcalde de Guarromán, Francisco García Martinez, el diseño de un escudo y bandera de lo que en su día habrá de ser la Mancomunidad Cultural de Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucia. Y antes de documentar franjas y colores, cuarteles y blasones, hubo que buscar argumentos que acercaran más que distanciaran, que abrieran horizontes más que cerraran desfiladeros. Y así, como contamos en otro lugar de este libro(6), quedó el blanco del cuartel borbón de Carlos III limitando al norte con el celeste mariano de la Inmaculada Concepción, Patrona de las Nuevas Poblaciones, y limitando al sur con el verde del profeta del Islam. Dos culturas, dos creencias, dos mundos enfrentados en la Historia, encontrados y reunidos en una bandera. Faltaba el lema del escudo: “Nacimos con el Fuero para la concordia de los pueblos”. Sería impensable en las postrimerías del segundo milenio, cuando el planeta tiende a ser, por mor de las comunicaciones, una aldea global, y Europa está llamada, patera arriba, patera abajo, a ser multirracial, que estas tierras que acogieron, más perfecta o imperfectamente, el sueño de una sociedad abierta en sus oriígenes y modelo en sus fines, pusiera puertas a los campos de sus blasones y alambradas a su bandera.
Para quienes hicieron del chauvinismo atalaya y guardia de sus esencias, se encuentran hoy con la “tragedia” de que Africa no comienza, como decían, en los Pirineos, sino en las puertas mismas de París y en el malecón de Marsella.

Sin lugar a dudas los seis Congresos Históricos sobre las Nuevas Poblaciones de Carlos III celebrados, y el séptimo que habrá de llevarse a cabo cuando estas lineas vean la luz (Octubre de 1996), han servido para crear en las gentes que las habitan hoy un sentimiento diferenciador, un estímulo al siempre sano orgullo del terruño primero, pero abriendo horizontes a paisajes y paisanajes nuevos.

Para aquel IV Congreso sobre las Nuevas Poblaciones, allá por 1990, primero en el que se abordaron temas de cultura tradicional desde los aspectos de la mujer, la familia y la sociedad, primero, también, en el que la Antropología cultural compartió espacio temático con la Historia, hicimos (me cupo el honor de ser su secretario de organización) las gestiones precisas para que Julio Caro Baroja viniera como ponente conmemorando así el cuarenta aniversario de su viaje por las Nuevas Poblaciones (mayo de 1950). La agenda del don Julio de ojillos avizores de infinitos horizontes, condicionada por los inevitables achaques de la edad (contaba ya casi los setenta y siete años) no nos lo permitió.

Seis años más tarde, después de muchos avatares, aparece este volumen que contiene parte de lo presentado a dicho Congreso (algunos de sus trabajos ya han visto la luz en otras publicaciones y por tanto no aparecen aquí). Don Julio no pudo venir para entonces, desgraciadamente ya no podrá hacerlo, pero su trabajo sobre el experimento sociológico de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena en tiempos de Carlos III(7), curiosamente citado por muchos y leído por pocos, (pinche aquí para ver su texto completo) vuelve a ver la luz de nuevo hoy en el que viajar por este “camino real” convertido en autovía encierra los peligros de la velocidad y el confort del climatizador en el coche, pero donde el soneto de Torres Villarroel publicado en él, sigue teniendo triste vigencia: “Los ladrones más famosos no están en los caminos“.

Estas tierras, gracias a sus Congresos de Historia y a quienes los enriquecen con sus trabajos, siguen siendo un experimento sociológico en plena vigencia, mágica vigencia, en la que aventuras culturales, y ésta lo es, que en su día iniciaron investigadores soñadores y entusiastas son sufragadas hoy por un poeta.

Lo castizo no habrá de ser lo puro ni lo autentico, necesariamente, pero Julio Caro Baroja, en su preciso momento, fue significativo en estas Nuevas Poblaciones y es de justicia decirlo y haberlo escrito, como aquí, a modo de epílogo y homenaje, modestamente he pretendido.

Al fín y al cabo aún queda por estos pagos quien recite a aquel poeta andalusí que al respecto nos decía; “Antes es el vecino que mi casa, antes el compañero de viaje que mi camino…” .Lo que tal y como andan los tiempos no es poco. Decididamente, no es poco.

NOTAS
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(1) Veánse:
Caro Baroja, J: Los Pueblos de España. Ediciones Istmo. Madrid.1981.
Caro Baroja, J: El laberinto vasco. Sarpe. Madrid. 1986.
Caro Baroja, J: El Carnaval (Análisis histórico cultural). Taurus. Madrid. 1965.
Caro Baroja, J: La estación del amor (Fiestas populares de mayo a San Juan). Taurus. Madrid. 1979.
Caro Baroja, J: Temas castizos. Ediciones Istmo. Madrid. 1980.
Caro Baroja, J: Es estío festivo (Fiestas populares de verano). Taurus. Madrid. 1984.

(2) Caro Baroja, J: Las falsificaciones de la Historia (en relación con la de España). Seix Barral. Barcelona. 1992.

(3) Op. Cit: Caro Baroja, J: Temas Castizos…

(4) Caro Baroja, J: Los fundamentos del pensamiento antropologíco moderno. C.S.I.C. Madrid. 1991.

(5) Op. Cit: Caro Baroja, J: Temas Castizos…, Pág. 11.

(6) Veáse: “Referentes de identidad de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía”, pinchando aquí.

(7) El trabajo que hemos utilizado para esta edición es el publicado en la revista Clavileño, número 18. Madrid. 1952. Pags. 52-64. Francisco Ramirez Cerón, impresor y director de esta edición, optó por volver a componerlo tipográficamente, y no dar su facsímil para una mejor lectura del mismo, si bien se han respetado los croquis y dibujos del original. Véase  el texto publicado en estas actas pinchando aquí.

La repostería conventual del Alto Guadalquivir: La provincia de Jaén

CONVENTUAL 3

Tenía mal genio la hermana Sacramento, cocinera de aquel convento de clarisas, cuando se le preguntaba a media mañana qué había de comer para el almuerzo, no dando más respuesta en su santo enojo que un mandilazo en el aire y un lacónico: Una leche frita en sartén de palo. Cosa imposible, a todas luces, pues si bien sí hay una forma de pasar la leche por la sartén, habrá de ser ésta de hierro y con buen aceite de oliva virgen extra.

Todas las culturas han tenido en buena estima a la leche, hasta tal punto que es el hombre el único mamífero que sigue “mamando” de adulto, y si no lo hace de la misma manera que cuando era un niño es sólo por guardar el decoro, aunque no falte quien derroche ingenio para seguir “chupando del bote” pues siempre se ha oído decir que el que no llora no mama.

"Placeres Divinos", de Tito Lucavenche

“Placeres Divinos”, de Tito Lucavenche

Aun siendo tan apreciada la leche cuando pasa por el gaznate, es muy denostada cuando la pasamos por la lengua que hablamos. Así, es sinónimo agresivo cuando se dice te voy a dar una leche, o despectivo y sin cuidado cuando se contesta pues me importa tres leches, o toma el rango de ilustre apellido cuando nos referimos a aquel varón de origen incierto que andaba escaso de vista, un tal Pepe Leches.

El propio sabio Avicena diría: Existen entre la leche y el organismo relaciones cuya causa se nos escapa, y sus propiedades beneficiosas han sido reconocidas por todos los más antiguos sabios, los cuales le han otorgado la capacidad de acrecentar la belleza, de enriquecer la memoria y de curar la tristeza. Pero desde que el mundo es mundo y existen ubres, siempre ha surgido el problema de cómo conservarla una vez salida de ellas. Así, el modo más antiguo de hacerlo ha sido salándola y convirtiéndola en queso, para lo cual sumergían en ella el cuajo de un cordero o cabrito metido en una muñequilla. Se obtenía el famoso requesón y el queso fresco que en nuestros zocos árabes, como dice Ibn Razín, se freía en sartén, sin huevos, y se espolvoreaba de pimienta y canela, o bien se aderezaba con miel y con higos. Cuando se calentaba la leche entera y se retiraba al comenzar a hervir se obtenía de su nata la mantequilla. Y cuenta la leyenda que un joven fervoroso de Alá, nómada y asiduo compañero de caravanas, al comenzar un viaje, por error, llenó la bolsa de cuero de leche y no de agua. El calor del sol y las bacterias de la bolsa, junto a la sorpresa del viajero que esperaba beber agua, convirtieron el cuajo de la leche en lo que habría de llamarse yogurt, de textura suave y sabor agradable.

Pero la cruzada por conservar tan rico alimento no hubo de terminar, y así hemos visto en viejos libros que si difícil puede parecer freír la leche, tarea más complicada debe ser el destilarla, y ya lo hacían los tártaros con leche gorda de jumenta, la más apreciada, y cuentan las viejas crónicas que emborrachaba como la que más, si bien es cierto que mezclada con vino a partes iguales era muy buena contra la ictericia y contra la calentura cuartana.

CONVENTUAL 1

Al hilo de haber conocido a la hermana Sacramento nació en mi la curiosidad de husmear en la culinaria de los conventos, sobre todo los de la provincia de Jaén, en la que habito y pervivo, dónde a pesar del irremediable paso del tiempo y las innovaciones tecnológicas no se han olvidado las viejas recetas de dulces, y sobre todo, y tal vez sea ello lo más importante, no se ha dejado de elaborarlas para deleite y disfrute de nuestros paladares.

En la ciudad de Jaén, en su famosísimo barrio de La Malena, en el que cuenta la leyenda que hubo una vez un terrible lagarto que aterrorizaba al vecindario cuando iban a coger agua a la fuente en el que el monstruo tenía su guarida, y que un aguerrido mozo medieval se encargó de hacerlo reventar con su ingenio, habremos de encontrarnos, junto a la iglesia de la Magdalena, el convento de Las Ursulinas, o convento de Santa Úrsula de las Madres Agustinas, famosas por su renombradas yemas de Santa Úrsula, una de las estrellas de la dulcería tradicional jienense desde que en el siglo XVIII las hermanas Ventura, Isabel de San Jerónimo, y de San Francisco de las Llagas, trajeran su receta desde el convento del Cuzco en Perú, cuyos ingredientes: huevo, almendras y azúcar, son conocidos de todos, pero celosamente guardado el secreto de las proporciones y del proceso de elaboración entre los muros del convento, y cada hermana cumple a rajatabla la regla de obediencia impuesta por su comunidad de no manifestarlo a persona alguna que viva fuera de ellos.
Curiosamente, estas monjas, además de preparar estas deliciosas y conocidas yemas, se han especializado, también, en la superlimpieza en seco de prendas de vestir delicadas. Conforme han muerto las hermanas agustinas de mayor edad, las dos más jóvenes han retornado a su casa madre de Villafranca del Bierzo, cerrando este convento que data de mediados el siglo XVI, y cesando la elaboración en Jaén de sus deliciosas yemas.

conventual 4

También en la ciudad de Jaén, hallaremos la congregación de las Madres Franciscanas Descalzas de la Fundación de religiosas de la Concepción Francisca, que tienen su convento en la Puerta del Angel, 1, próximas a la plaza de toros, pero que son conocidas cariñosamente en la ciudad como Las Bernardas, tal vez porque el arzobispo de Toledo don Bernardo de Sandoval y Rojas, que antes lo fue también de Jaén, tuviera mucho que ver en su fundación, allá en el siglo XVII. Durante todo el año, en horario de mañana y tarde, podemos adquirir en su torno los cortadillos, las empanadillas de cabello de ángel, las pastas de té, los hojaldres y sus tradicionales magdalenas. En Navidad preparan unos rosquillos de vino que elaboran artesanalmente con la misma receta de hace más de tres siglos. Por las mismas fechas hacen las cocadas, los alfajores, los mantecados, las conchas de almendras, y unas exquisitas figuritas de mazapán a la que dan formas de frutas variadas, esmerándose en su presentación con unas cestitas de mimbre. Todos sus productos los venden con el nombre genérico –a modo de marca— de Dulces de la Puerta del Ángel y pueden adquirirse por esa época en las estanterías de las grandes superficies de alimentación de la capital.

En la Carrera de Jesús tienen su convento Las Hermanas Carmelitas, en realidad, Madres Carmelitas Descalzas, en cuyo torno nos atienden durante todo el año con sus tradicionales empanadillas de cabello de ángel y sus magdalenas. Llegada la Navidad preparan los populares pelusos, que no son otra cosa que mantecados emborrizados en canela y azúcar, el mazapán imperial, las yemas, los pastelillos de gloria, con una versión propia de este convento que sus monjas llaman pastelillos del paraíso, mantecados hojaldrados de huevo, y los polvorones de almendra con chocolate.

CONVENTUAL 5

En la calle Francisco Coello, 35, nos encontraremos con el convento de las Madres Dominicas, que alternan su actividad de repostería navideña con el bordado en oro de túnicas y mantos procesionales de vírgenes durante todo el año. En su torno podemos adquirir alfajores, suspiros, hechos con clara de huevo y almendras tostadas, de tan notable influencia morisca, las deliciosas trufas de avellana y chocolate, las empanadillas de cabello de ángel, y los roscos, ya sean de vino o de anís. En el mes de diciembre, si se les encarga previamente, son especialistas en prepararnos el pavo, o el pollo, para la cena de Nochebuena y el almuerzo de Navidad.

CONVENTUAL 8

En Linares, en el convento de Nuestra Señora del Carmen y San José, de las Carmelitas Descalzas, en la calle Carmelo de Santa Teresa, desde hace más de cuarenta años, podemos adquirir durante todo el año rosquillos de anís, y de huevo, magdalenas, sultanas, bizcochadas, mantecados hojaldrados, y las yemas del Carmelo de Santa Teresa. En la época navideña, preparan por encargo los troncos de Navidad, el roscón de reyes>, y los brazos de gitano, además de los populares dulces de navidad. Estos productos también podemos adquirirlos en “Casa Cueto” junto al céntrico parque de Santa Margarita. Las Carmelitas de Linares alternan su grata labor de reposteras conventuales con otra menos festiva pero no por ello menos piadosa, como es la confección de mortajas carmelitanas, que son aquiridas por los linarenses con el deseo de tenerlas guardadas y preparadas, a ser posible, durante muchos años.

CONVENTO 10

En Villanueva del Arzobispo, el convento de Santa Ana está habitado por las Madres Dominicas, elaboran, siempre por encargo, sus famosas glorias, hechas teniendo como base un bizcocho empapado en un almíbar de azúcar y coñac, flan de huevo, huevos molés, almendra muy picada, clara a punto de nieve, se pasa por el horno y se decora vistosamente. Otros de los productos que preparan son el mazapán de almendra, los bizcochos de chocolate, unos peculiares roscos de vino que hacen con la harina tostada y sin manteca y un poco de vino y anís. Una de sus especialidades, además de los mantecados, son los llamados roscos de las tres tazas, con sabor a ajonjolí.

En Martos, en el Convento de la Santísima Trinidad, de la orden del mismo nombre, sito en la calle Real de San Fernando, 3, podemos adquirir las famosas costradas, hechas con capas alternas de bizcocho y nata que se pasan por el horno, y se recubren, estando ya frías, con azúcar en polvo. Además se preparan en este convento durante todo el año los bizcochos, pestiños, mantecados manchegos (hojaldrados) y polvorones de almendra con chocolate.

En Úbeda se encuentra el convento de las Carmelitas Descalzas bajo la advocación de la Purísima Concepción, en la calle Montiel, sus especialidades son las perronillas, a las que les dan diferentes formas de flores –son unas pastas de manteca, azúcar y huevo–, y los pastelillos de gloria –almendras, azúcar y yema de huevo como relleno–, además de los tradicionales productos navideños

Y por último, también en Ubeda, nos encontramos con el Real Monasterio de Santa Clara, habitado por las Madres Clarisas desde finales del siglo XIII –es uno de los más antiguos de la provincia–, preparan repostería durante todo el año tal como los roscos de Santa Inés –rosquillos de anís–, roscos de vino, también, bizcochos, mantecadas de almendras, pastas de té y galletas de huevo, entre otros dulces tradicionales de Navidad.

CONVENTUAL 2

Había tomado los hábitos la hermana Sacramento en Calabazanos, a orilla del río Carrión, muy cerca de Palencia, y no habría de olvidar aquel día de octubre, radiante de un sol que atravesaba cálidamente el paño de su hábito, hace ya muchos años, cuando un tren la dejó con su maleta nueva y los consejos de la madre Genoveva en la Estación de Linares, camino del convento de Baeza, dónde aprendió a conservar la leche con una antigua receta heredada, tal vez, de alguna olvidada monja de padres judíos conversos a Cristo, los cuales seguían viendo en la sartén y el aceite de oliva la mejor forma de huir de la manteca de cerdo. Preparaba unos dulces con mano angelical, ya fuera como postres para los invitados de más alta dignidad eclesiástica que visitaban el convento en las fiestas de mucho guardar, aunque, como recia castellana, también freía leche en sartén de palo cuando las novicias entre maitines y nonas gustaban distraerse en la cocina haciéndola rabiar por mejor pasar el tiempo.

                                               José María Suárez Gallego (Presidente de la Academia de Gastronomía y Cultura Tradicional del Alto Guadalquivir)

CONVENTO 9

Presentación Homenaje Premio Caecilia a José María Suárez Gallego

ANVERSO Y REVERSO DEL PREMIO CAECILIA

ANVERSO Y REVERSO DEL PREMIO CAECILIA

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Los que merodeamos entre los asuntos de JOSÉ MARÍA SUÁREZ GALLEGO, Cronista Oficial de Guarromán y de la Mesa de Carboneros, sabemos que la Muy Ilustre y Noble Orden de Caballeros de la Cuchara de Palo, que se instituyó en 1983 en Guarromán, recogiendo el testigo de los colonos que poblaban las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, es un proyecto creado y sostenido por el empuje personal e ilusionante de Suárez Gallego, un ilusionista que también engendró los Premios Olavidia a través de la Fundación Margarita Folmerín, que él mismo preside y sustenta con su ingenio. A vuela pluma te diría que este señor de las letras, de la gastronomía y de la tertulia amena frente a un vaso de vino con solera, es un rara avis en este tiempo extraño que nos ha tocado vivir: hijo de un oficial del Ejercito del Aire, progresista, transgresor, y versado en la palabra hablada y palabra escrita, trabaja desde toda la vida en una entidad financiera, un mundo totalmente alejado de los universos literarios que él frecuenta.

Como aquellos nuevos colonos que poblaron la Sierra de Despeñaperros, cree firmemente en el derecho a la enseñanza, en el reconocimiento al trabajo de la mujer, en la democracia y en la libertad, de ahí que alce su cuchara de palo en señal de desafío, como hicieran durante la invasión napoleónica, aquellos pobladores venidos del Centro de Europa a su pueblo Guarromán, y a su segundo pueblo de acogida, Carboneros, donde pace y labora a diario.

Desde aquel lejano año de 1983, han sido galardonados con la Orden de la Cuchara de Palo,  por propugnar la concordia de los pueblos y la defensa de la Cultura Mediterránea: El pan, el vino y el aceite, personajes como  S.A.R. el Príncipe de Asturias,  el Nobel de Literatura, Camilo José Cela, el magistrado de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón Real, y el magistrado del Consejo del Poder Judicial Pio Aguirre, los periodistas Carlos Herrera, María Teresa Campos, Tico Medina, y Matías Prats –padre e hijo—. Los toreros Enrique Ponce, Curro Romero y José Fuentes. Escritores como el premio Planeta Juan Eslava y el escritor Salvador Compán. También se le concedió al ex presidente del gobierno Adolfo Suárez y a Joaquín Ruiz Jiménez. Actores como Antonio Banderas, Santi Rodríguez y Rosario Pardo. Al director de cine Miguel Picazo. Investigadores como Juan José Badiola. A los cantautores Juan Manuel Serrat, José Antonio Labordeta y Joaquín Sabina. El programa de RNE “Asuntos propios”. El programa “Anda ya” de la Cadena Cuarenta de La Ser. El periodista Carlos Santos de RNE. Al actor con Síndrome de Down, Pablo Pineda, el seleccionador nacional de fútbol Vicente del Bosque o al médico ginecólogo Santiago Dexeus, entre otros, que en su mayoría pasearon y disfrutaron por Guarromán y Carboneros.

Junto a la Asociación CAECILIA, que hoy le entrega el Homenaje CAECILIA, diseñó y elaboró las bases del proyecto “Camino Real. Hans Christian Andersen” que en 2010 se celebró y organizó en Bailén y la comarca, con asistencia del embajador de Dinamarca a nuestra localidad, proyecto que en la actualidad se ha diversificado en nuevos retos culturales en los que implicar a otras poblaciones próximas.

Colaborador habitual de la revista BAILÉN INFORMATIVO, del DIARO JAÉN, y Consejero de Número del Instituto de Estudios Giennenses, entre otros, su pasión se desboca por la cultura del aceite y por la gastronomía mediterránea, sobre la que promueve y dicta infinidad de conferencias y publicaciones, pues sabe que esa faceta de la cultura y la tradición, une a los pueblos y a sus moradores, por encima de otros conflictos. En colaboración con la Asociación General Reding de Bailén, hermana de CAECILIA, organizó la 1ª Recreación Histórica de Guarromán, y la 1ª Recreación Histórica de Entrada de los Colonos en Carboneros.

Filólogo libidinoso, gastrónomo sensitivo, historiador verosímil y locuaz, cronista empedernido, erudito comprometido, conversador divertido, lector meditabundo, es, ya lo dijo él de otro prohombre de la comarca, un personaje extraído del Renacimiento italiano y trasladado a esta comarca del norte de Jaén, para remover conciencias y látigo de las Instituciones, a las que provoca y obliga, como es debido.

Cuenta pendiente en Reyes

noche de reyes

 

Publicado en Diario JAÉN el martes 6 de enero de 2014

Mira, paisano, la actualidad  nos da argumentos sobrados para hacer de cualquier asunto  el motivo oportuno de estas líneas, pero hoy puedo hablarte del recurrente tema de la Noche de Reyes como el paradigma de la ilusión, aunque los Reyes Magos tienen una cuenta pendiente conmigo desde hace años.

No podré olvidar aquella noche de recuerdos infantiles cuando henchido de ilusión puse mis zapatos escolares en el balcón y me los robaron. Desde entonces no volví a fiarme de los Reyes Magos, ni de los plumeros de sus pajes, ni de las barbas de mentira, ni de los negros de betún, ni de los oropeles de purpulina, ni de las joyas de hojalata, ni de los diamantes de culo de vaso. Me consolaron diciéndome que tal vez se los había comido un camello. Desde entonces comencé a tomar conciencia de que el mejor regalo es que no te quiten lo poco que es tuyo, y cada año les escribía la misma carta: “Queridos Reyes Magos: ¡Devolvedme mis zapatos!

Sigo pensando que a este mundo nuestro lleno de contrabandistas de desencantos le sobran contables y le faltan poetas: ¡Menos “tíos del saco” y más “tíos de los globos! La vida no es, en modo alguno, un cofre en el que se atesoran los años. Es en sí misma la contemplación del  cofre sempiternamente cerrado lo que nos mueve a saber, a conocer, a imaginar, y con ello a desgranar la existencia hasta hacernos con sus más mínimos entresijos. Viejo es, por tanto, quien se niega a ser un mundo nuevo cada día, un universo de estrellas cada noche, el gallo que canta por la mañana, el atardecer púrpura, la luna llena, el sol de media mañana, el aire de cada instante respirado, la brisa que mece las hojas, el soplo que como un suspiro nos lleva a amanecer mañana para arbitrar las luchas de los perros con los astros. Viejo es quien se resigna a ignorar para siempre lo que esconden las entretelas de este juguete, a veces ameno, a veces caprichoso, a veces incomodo, pero siempre excitante, que llamamos vida.

¡Ah! Queridos Reyes Magos, la copita de aguardiente que cada noche del cinco de enero os he dejado todos estos años ha sido de garrafón. ¡Lo uno por lo otro, y estamos en paz!

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