La república juancarlista

republica juancarlista

Mira, paisano, tengo la machadiana suerte –o la desgracia, según se mire– que ninguna de las dos Españas ha logrado helarme el corazón porque cada uno de mis abuelos ondeó una bandera diferente en una misma España, si bien ambos acabaron padeciendo las mismas contradicciones y los mismos sinsabores de una misma patria. Las guerras siempre las gana el mismo lobo que una vez que se ha comido los tres cerditos del cuento trata de culpar de ello a Caperucita y a su abuela. Nuestra patria, entelequia diversa de intereses contrapuestos, nos ha ido convirtiendo en las piezas de un mecano de una sociedad bipolar que nos exige a cada paso que seamos monárquicos o republicanos, de  izquierdas o de derechas, del PSOE o del PP, del Real Madrid o del Barcelona, de  Movistar o de Vodafone, de Coca Cola o de Pepsi,  fumadores o no fumadores, creyentes o ateos, taurinos o antitaurinos, de Belén Esteban o de la Campanario…  Nuestra vida, como diría el proscrito Jorge Luis Borges, es un jardín de caminos que se bifurcan. Es el dilema perpetuo entre el blanco y el negro en un país en el que están desterrados los términos medios y las medias tintas.

            Del rey Juan Carlos, que tendrá todos sus defectos menos el de ser un cursi, se cuenta una anécdota de cuando fue a inaugurar una bodega y el enólogo le dio la vara, antes de probar el vino, con los retronasales y los aromas que se potencian en boca con cierto exotismo de frutas tropicales.  Habiendo acabado el experto catador de su retahíla de sandeces vínico descriptivas, el rey, más práctico y sencillo, metió su real nariz en la copa, olió, y probando el vino dijo: “¡Coño que vino más bueno! ¿De dónde has dicho que es?”

            En esta republica juancarlista, paisano, en la que unos no creen en la democracia y los otros no la practican, hay que hacerle caso a mi contertulio El Caliche cada vez que dice que más olla y menos bambolla. A mí lo que de verdad me hiela el corazón es ver cada noche a quienes salen a buscar en la basura algo con lo que sobrevivir sin perder la dignidad.

(@suarezgallego)

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